domingo, 28 de octubre de 2012

Penyagolosa, un paseo por el alma




Hay lugares cuya magia impregnan el alma hasta pintarla con sus colores y ventilarla con sus aires; lugares cuyos rincones guardan los ecos de vivencias sagradas. Hoy, me refiero al Penyagolosa, en las montañas de Castellón.

Recuerdos de niñez, de la mano de mi padre recorriendo sus senderos. Y también la vez primera que lo visité con la que fuera mi novia y hoy es mi esposa, mi dulce Mari, hace ya 25 años...Y el suelo de la senda de la Pegunta se vestía con violetas silvestres mientras serpenteaba por su lecho el riachuelo que lleva su nombre, agua fría y limpia; agua cristalina que cantaba a su paso por las rocas. Sí, recuerdo cómo adornó sus cabellos de noche con algunas de esas flores, cómo reía mientras me llevaba de la mano descubriendo aquel lugar por primera vez. Y recuerdo cómo la besé, bajo los olmos que guardaban el nacimiento de la fuente, la fuente de la Pegunta.

Estas fotos son de ayer mismo. Pasamos el día en nuestro lugar, en nuestros rincones, dejando que sus voces de viento acunaran nuestros oídos. Nos besamos, larga y apasionadamente, bajo los olmos que nos vieran siendo casi unos niños, uno de ellos, todavía recuerda nuestras iniciales. Yo, yo vivo en su alma y mi alma es ella, ayer, entre la magia del Penyagolosa. 




domingo, 21 de octubre de 2012

domingo, 14 de octubre de 2012

Canción Ent

Los ents son una antigua raza que apareció en Arda incluso antes de que lo hicieran los primeros nacidos, los elfos. Sin duda, son unos personajes que se tratan como secundarios en el Señor de los Anillos, pero yo quisiera recuperar un fragmento que aparece en Las dos Torres, una canción ent, si lo prefieren. Y quisiera, desde la libertad que me brinda un espacio como este, adaptarla según mis preferencias estéticas y de contenido, reconociendo, eso siempre, su filiación con el autor, J.R.R. Tolkien.

Ent

Cuando la primavera despliega la hoja del haya y hay savia en las ramas; cuando la luz se apoya en el río del bosque y el viento toca la cima; cuando el paso es largo, la respiración profunda y el aire se anima en la montaña, ¡yace conmigo! ¡Yace a mi lado y di que mi tierra es hermosa!

Ent-mujer

Cuando la primavera llega a los regadíos y los campos, y aparece la espiga; cuando en las huertas florecen los capullos como una nieve brillante; cuando la llovizna y el sol sobre la tierra perfuman el aire, acaricio tu alma y navego los mares de tu corazón, esposo mío. ¡Ven a mi y di que mi tierra es cálida y perfumada!

Ent

Cuando el verano se extiende sobre el mundo, en un mediodía de oro, bajo la bóveda de las hojas dormidas se despliegan los sueños de los árboles; cuando las salas del bosque son verdes y frescas, y el viento sopla del oeste, danza conmigo en los interminables campos de la tierra, esposa mía.

Ent-mujer

Cuando el verano calienta los frutos que cuelgan y oscurece las bayas; cuando la paja es de oro y la espiga blanca y es tiempo de cosechar; cuando la miel se derrama y el manzano crece, aunque el viento sople del oeste, danzaré para ti en los claros de luna.

Ent

Cuando llegue el invierno, el invierno salvaje que matará la colina y el bosque; cuando caigan los árboles y la noche sin estrellas devore al día sin sol; cuando el viento sople mortalmente del este, entonces de la lluvia que golpea yo te cubriré, yo te abrazaré y yo te amaré, alma que sustenta a mi alma.

Ent-mujer

Cuando llegue el invierno y terminen los cantos; cuando las tinieblas caigan al fin; cuando la rama estéril se rompa y la luz y el trabajo hayan pasado; te guiaré y me guiarás, ¡juntos tomaremos el camino bajo la lluvia que golpea!

Ambos

Juntos tomaremos el camino que lleva al oeste y juntos encontraremos una tierra en donde los corazones tengan descanso y se amen eternamente, bajo los árboles de oro y plata que iluminan los campos del cielo.

domingo, 7 de octubre de 2012

Inmortalidad


Uno de los aspectos más fascinantes en la Obra de Tolkien es la extraña naturaleza inmortal de los elfos en contraposición con la fugacidad de la vida de los hombres. más, si se tiene en cuenta que ambos linajes son creación directa de Ilúvatar, el Dios único al que los mismos Valar deben obediencia. A primera vista esa arbitrariedad divina ofende al lector y enfurece a las tribus humanas que despliegan su drama en la Tierra Media.

Así, leemos en el Silmarillion, Pág. 45:

"…En verdad los Ainur tuvieron trato sobre todo con los Elfos, porque Ilúvatar los hizo más semejantes en naturaleza a los Ainur, aunque menores en fuerza y estatura; mientras que a los Hombres les dio extraños dones.
Pues se dice que después de la partida de los Valar, hubo silencio y durante toda una edad Ilúvatar estuvo sólo, pensando. Luego habló y dijo:

-¡He aquí que amo la Tierra, que será la mansión de los Quendi y los Atani! Pero los Quendi serán los más hermosos de todas las criaturas terrenas, y tendrán y concebirán más belleza que todos mis Hijos; y de ellos será la mayor bienaventuranza en este mundo. Pero a los Atani les daré un nuevo don.

Por tanto quiso que los corazones de los Hombres buscaran siempre más allá y no encontraran reposo en el Mundo, en cambio, poseerían el poder de modelar sus propias vidas, entre las fuerzas y los azares del mundo, más allá de la Música de los Ainur, que es como el destino para toda otra criatura; y por obra de los Hombres todo habrá de completarse, en forma y acto, hasta en lo último y más pequeño.

Uno y el mismo es este don de la libertad concedido a los Hijos de los Hombres: que sólo estén vivos en el mundo un breve lapso, y que no están atados a él, y que partan pronto; a dónde, los Elfos no lo saben, mientras que los Elfos permanecerán en el Mundo hasta el fin de los días, es por eso que su amor por la Tierra es más singular y profundo, y más desconsolado a medida que los años se alargan. Porque los Elfos no mueren hasta que no muere el Mundo, a no ser que los maten o los consuma la pena (y a estas dos muertes aparentes están sometidos); tampoco la edad les quita fuerzas, a no ser que uno se canse de diez mil centurias; y al morir se reúnen en las estancias de Mandos, en Valinor, de donde pueden retornar llegado el momento. Pero los hijos de los Hombres mueren en verdad, y abandonan el Mundo; por lo que se los llama los Huéspedes o los Forasteros. La Muerte es su destino, el don de Ilúvatar, don que hasta los mismos Poderes envidiarán con el paso del Tiempo. Sin embargo, Melkor ha arrojado su sombra sobre ella, y la ha confundido con las tinieblas, y ha hecho brotar el mal del bien, y el miedo de la esperanza"

Destaco la sentencia: "Y ha hecho brotar el mal del bien, y el miedo de la esperanza"


De sobras son conocidas las creencias del autor, tanto que es absurdo abundar en ellas. Siendo así, resulta paradójica la alteración del papel de la muerte en el destino de los Hombres: de castigo pasa a ser un don y el don es tomado como castigo cuando aparece la Sombra y siembra la desconfianza en el corazón de los Hombres. 
Es conmovedor leer cómo los elfos, inmortales por naturaleza, envidian el hado otorgado a los segundos nacidos. Y cómo estos inician su historia sobre la Tierra Media al actualizar en su espíritu ese resentimiento fundamental; esa pulsión que guiará el drama y la gloria de sus gestas.

Termino con la declaración de Arwen a Aragorn, bella y profunda hasta decir basta:


"Prefiero vivir una vida mortal a tu lado, que enfrentarme a todas las Edades de este mundo sola"


domingo, 23 de septiembre de 2012

domingo, 16 de septiembre de 2012

Breve comentario sobre las piedras videntes. Palantiri.


Ver acontecimientos distantes en el espacio y en el tiempo, conectar mentes y dirigir las pesquisas en función del poder de la voluntad de quien busca y pregunta: hablamos de las piedras videntes, de las palantiri (del quenya: "aquello que mira a lo lejos". En singular, palantir).

Creadas por los Noldor en Eldamar, presumiblemente por el mismo Feanor, el creador de los Silmarils, Tolkien las concibió como un mecanismo que vinculara el pensamiento a grandes distancias y, si bien la idea no es nueva, observamos un matiz genial en su ficción: la posibilidad que tenía ese vínculo para dominar a quien lo usara si en el otro extremo del canal se encontraba la maldad y sus atributos; la maldad acompañada de la falsedad, el engaño, las argucias, los dobles lenguajes y, en suma, la desesperación hecha voluntad. 

Así y de esa forma, Denethor, el senescal del Rey, enloquece al vincular su mente con las argucias de Sauron y, no se escape el detalle, Gandalf custodia y cubre el palantir recuperado tras la caída de Orthanc, en los domonios de Isengard, para evitar sea visto por los Hobbits. Sólo Aragorn será capaz de sostener la mirada al mismo Sauron e infundirle dudas sobre sus planes de terror y dominio, quizá porque la maldad y la malicia son, y han sido siempre, impotentes frente a la nobleza, la determinación y el valor.



Por supuesto que esto no es más que una ficción, no en vano estamos hablando del legendarium creado por Tolkien. Sin embargo, siempre es posible encontrar moralejas que encajen en estos tiempos tan alejados de la épica y la lírica. Por desgracia.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Akallabêth, o la caída de Númenor (1)



Primero de una serie de vídeos en los que se narra, en versión original, una de las partes centrales del Silmarillion, "Akallabêth" (o la caída de Númenor; Númenórë, tierra del oeste).
Me ha parecido especialmente bella la narración en la lengua de origen, los acentos son bellísimos y se entiende perfectamente. Es mi intención añadir los vídeos restantes de forma alternada, evitando de este modo la continuidad visual y la consiguiente redundancia estética de la página.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Amor sin sensualidad: o sobre un paisaje a media luz

Propio
Empecé mi aventura en el mundo creado por Tolkien cuando recién ingresaba en la adolescencia. No es difícil imaginar cómo puede calar semejante paisaje literario en un niño cuyo espíritu es dado a la imaginación y la fantasía. Cierto es que he releído la obra del Genio unas cuantas veces, encontrando en cada una de ellas nuevos aspectos que han mantenido viva la llama de la fascinación. No obstante, y eso no se lo debo a mi etapa infantil, he de confesar que entre las palabras que conforman el mundo creado por el autor he encontrado una ausencia enigmática, una especie de falla que se extiende de principio a fin, desde los designios de los mismos Valar hasta el comienzo de la Edad del Hombre.

Efectivamente, en las historias que fluyen desde la imaginación de Tolkien destaca la ausencia absoluta de sensualidad, un matiz de vida que hubiera dado a la Tierra Media, especie de Midgard, el perfume que otorga el amor encarnado. Así, encontramos lazos eternos y eternos suspiros, pero nos falta la pasión con la que siempre he imaginado algunos de los encuentros entre Aragorn y Arwen, o entre Beren y Luthien, por citar dos ejemplos que me parecen claros. Sin duda, un matiz que da profundidad a cualquier historia, aunque esta se desarrolle por los caminos de la épica, la nobleza, el valor y la espiritualidad.

En el dibujo he pretendido, con mayor o menor fortuna, reflejar el espíritu femenino que encontramos a medida que nos adentramos en la subcreación de Tolkien: personajes casi mesiánicos capaces de renunciar a una vida inmortal por un amor mortal, no obstante, un amor sin carnalidad, o si lo prefieren, una carnalidad dejada en una especie de suspenso sobreentendido. En mi opinión, esa actitud castra la historia, robándole, si eso es posible, una chispa de magia y grandeza.