domingo, 15 de enero de 2017

Sobre el carácter atemporal y altamente edificante de la lectura de J.R.R. Tolkien

A continuación, un maravilloso artículo publicado en el diario La Gaceta por el periodista y escritor José Javier Esparza y que lleva por título:  "Gandalf está vivo y lucha con nosotros". La imagen que acompaña el artículo es de la red y de mi elección.
El pasado 3 de enero se cumplió el 125 aniversario del nacimiento de J.R.R. Tolkien, así que, aunque con retraso, valga también este post como homenaje y reconocimiento al autor.

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Tolkien es uno de los autores más sugestivos del siglo XX. Hoy, gracias al cine, se ha convertido en uno de los más influyentes del siglo XXI. Su trilogía El Señor de los Anillos ha entrado en la cultura popular. Con ella, el mundo ha encontrado una voz que nos recuerda el valor del sacrificio y del heroísmo, y la importancia de salvar las cosas que dan un sentido profundo a la vida."

John Ronald Reuel Tolkien tuvo una infancia difícil. Vale la pena contarla, porque en ella aparecen muchos rasgos que después serán determinantes en su obra. Había nacido en Bloemfontein, Sudáfrica, en 1892, en una familia inglesa. Su padre se dedicaba a vender diamantes para el Banco de Inglaterra. En aquel país desgajado entre bóers y británicos creció Tolkien hasta que una serpiente le mordió; los sucesivos problemas de salud del pequeño Ronald (así le llamaban) llevaron a la familia a volver a Inglaterra. Su padre permaneció en Sudáfrica con la idea de reunirse después con ellos, pero murió al año siguiente. Y así la familia Tolkien, madre y dos hijos, se encontró en el más absoluto desamparo.

Un maravilloso mundo interior

El niño Tolkien descubre dos cosas muy importantes. Una: la fe católica de su madre, Mabel, una auténtica heroína que se mata a trabajar para sacar a sus hijos adelante. Dos: los idiomas, que el pequeño Ronald estudia con pasión de coleccionista. Ronald es un buen estudiante. Su madre le ha enseñado el valor del esfuerzo. También le ha enseñado latín. Con cinco años lee y escribe fluidamente. El sacrificio de su madre y la aplicación del propio Ronald le permiten estudiar en buenos colegios. Pero Mabel muere a su vez en 1904, víctima de una diabetes. Los dos niños, Ronald y Hillary, quedan al cuidado de un sacerdote católico amigo de la familia, Francis Xavier Morgan. El padre Morgan, que era jerezano, enseñó a Tolkien unas nociones de español. Gracias a este cura encuentran los dos huérfanos un lugar donde vivir y un colegio donde estudiar. Ronald escoge la carrera de Filología Inglesa en Oxford.

¿Cuándo empieza Tolkien a concebir su obra? Desde muy pronto. Quizá porque no la concibe como una obra propiamente dicha, sino cómo un auténtico mundo interior. Tolkien está fascinado por lo medieval: lee las sagas escandinavas y el Kalevala finés, estudia las lenguas nórdicas y célticas, la filología griega y el anglosajón, frecuenta la compañía de hadas y caballeros. Con sus compañeros de Oxford crea un club (el “Tea Club of the Barrovian Society”) que reivindica la belleza medieval frente a la fealdad moderna.

Todas esas referencias eruditas, de tipo histórico y literario, se mezclan en el interior de Tolkien, como en un proceso alquímico, con los materiales de su vida cotidiana. Paisajes, edificios y personas adquieren un valor legendario. La granja de su tía es Bag End, Bolsón Cerrado. Las torres del orfanato de su infancia serán las torres oscuras de sus relatos. Viaja a Suiza en 1911 y descubre las montañas nevadas por donde viajará Bilbo Bolsón. Pasea por Cornualles y adivina acantilados poblados por elfos. Cuando su novia baile para él, surgirá la escena de amor entre Beren y Luthien. Todas y cada una de sus experiencias vitales se transforman en elementos de un relato que aún no tiene forma, pero que pronto la encontrará; Tolkien lo llamaba su “legendarium”. De momento, ese mundo imaginario de Tolkien está naciendo. Años más tarde, el propio Tolkien describirá así ese comienzo del mundo, entre la música aérea de los Ainur:

“Entonces les dijo Ilúvatar:
-Del tema que os he comunicado, quiero ahora que hagáis, juntos y en armonía, una Gran Música. Y como os he inflamado con la Llama Imperecedera, mostraréis vuestros poderes en el adorno de este tema mismo, cada cual con sus propios pensamientos y recursos, si así le place. Pero yo me sentaré y escucharé, y será de mi agrado que por medio de vosotros una gran belleza despierte en canción.
Entonces las voces de los Ainur, como de arpas y laúdes, pífanos y trompetas, violas y órganos, y como de coros incontables que cantan con palabras, empezaron a convertir el tema de Ilúvatar en una gran música; y un sonido se elevó de innumerables melodías alternadas, entretejidas en una armonía que iba más allá del oído hasta las profundidades y las alturas, rebosando los espacios de la morada de Ilúvatar; y al fin la música y el eco de la música desbordaron volcándose en el Vacío, y ya no hubo vacío.
Nunca desde entonces hicieron los Ainur una música como ésta, aunque se ha dicho que los coros de los Ainur y los Hijos de Ilúvatar harán ante él una música todavía más grande, después del fin de los días. Entonces los temas de Ilúvatar se tocarán correctamente y tendrán Ser en el momento en que aparezcan, pues todos entenderán entonces plenamente la intención del Único para cada una de las partes, y conocerán la comprensión de los demás, e Ilúvatar pondrá en los pensamientos de ellos el fuego secreto”.

Mencionábamos antes a la novia de Tolkien. Hay que contar la historia, porque es muy reveladora sobre el carácter de nuestro autor. Era 1908 cuando Tolkien, dieciséis años, pupilo del orfanato, se enamoró de Edith Mari Bratt, tres años mayor que ella. ¡Y ella le correspondía! Pero el padre Morgan, el cura jerezano, temiendo que Ronald abandonara sus estudios, le prohibió tener ningún tipo de relación con ella, ni siquiera epistolar, hasta que cumpliera la mayoría de edad. Tolkien obedeció al pie de la letra: el mismo día que cumplió 21 años, escribió a Edith declarándole su amor y proponiéndole matrimonio. Se casarán tres años más tarde, en 1916, en plena guerra mundial, después de que Edith, por insistencia de Tolkien, se convirtiera al catolicismo. Tendrán cuatro hijos; el mayor se ordenará sacerdote.

Tolkien era un hombre leal, tanto a Edith como al padre Morgan… y a Inglaterra. Se graduó, en efecto, en Filología Inglesa, y con honores, tal y como el buen cura pretendía. Era 1915. Acto seguido, Ronald ha de atender sus deberes militares: Europa está en guerra y él se enrola como alférez en los fusileros de Lancashire. Antes de partir para Francia, al frente, se casa con Edith. Estará en la batalla del Somme, donde contrae la fiebre de las trincheras. Durante su convalecencia, de nuevo en Inglaterra, comienza a trabajar en El libro de los cuentos perdidos, la base de El Silmarillion, que es la guía, el plano general del “legendarium” de Tolkien. También termina de elaborar los alfabetos imaginarios de los elfos y los gnomos. El mundo de Tolkien empieza a tomar forma.

El valor eterno del mito

Con la guerra concluida, la vida de nuestro autor pasa a ser la de un típico profesor universitario: trabaja en Oxford, enseña en Leeds, vuelve a Oxford… Aquí constituye otro grupo de aficionados a la literatura, los Inklings, en el que traba amistad con C.S. Lewis, el autor de Crónicas de Narnia. Tolkien comienza a escribir El hobbit: es sólo un libro para sus hijos, pero empieza a circular entre sus alumnos, de mano en mano. Lewis le insiste en que debe publicarlo. El hobbit aparece en 1937; será un best-seller inmediato. La editorial, Allen & Unwin, quiere más. Tolkien envía El Silmarillion, pero los editores lo consideran demasiado complicado. Comienza entonces a escribir la fantasía épica El Señor de los Anillos, a partir del mismo mundo retratado en El Hobbit. Le llevará diez años.

Tolkien no concibe la fantasía como una simple evasión. Para él, el mito es una vía de descubrimiento siempre en relación con la verdad, que es insoslayable, y la fantasía literaria no es una ficción, sino una “segunda creación”. Tampoco se trata de una alegoría, sino que hay que verla como un camino para encontrar los arquetipos de la existencia, también y sobre todo en lo moral. Eso es lo que Tolkien llama mythopoeia.

Mientras tanto, el tiempo pasa y la guerra vuelve. Las ideas políticas de Tolkien son claras: católico, conservador, anticomunista. Ama la tradición, la tierra, la naturaleza. Como muchos ingleses de su tiempo, temía más a Stalin que a Hitler. Los acontecimientos, sin embargo, se desatarán por sí solos. Estalla la segunda guerra mundial y uno de los hijos de Tolkien, Christopher, parte como piloto al frente de batalla. A la mente de Tolkien vuelven los años de la Gran Guerra, los compañeros muertos. Así escribía el padre al hijo:

“A veces me siento aterrado al pensar en la suma total de miseria humana que hay en este momento en el mundo entero: los millones separados los unos de los otros, estremecidos, prodigándose en días sin provecho… aparte de la tortura, el dolor, la muerte, la desgracia, la injusticia. Si la angustia fuera visible, casi la totalidad de este planeta anochecido estaría envuelto en una oscura nube de vapor, oculto de la mirada asombrada de los cielos. (…) Todo lo que sabemos, y en gran medida por experiencia directa, es que el mal se afana con amplio poder y perpetuo éxito… en vano: siempre preparando tan sólo el terreno para que el bien brote de él. Así es en general, y así es también en nuestras propias vidas. Pero aún hay alguna esperanza de que las cosas mejoren para nosotros, incluso en el plano temporal, por la clemencia de Dios. Y aunque necesitamos todo nuestro coraje y nuestras agallas (la vastedad del coraje y la resistencia humanos es estupenda, ¿no te parece?) y toda nuestra fe religiosa para enfrentar el mal que pueda acontecernos (como les acaece a otros si Dios lo quiere), aún podemos rezar y tener esperanzas. Yo lo hago.”

Tolkien escribe constantemente a su hijo y, en la distancia, le implica en la creación de El Señor de los Anillos. Es impresionante leer esta correspondencia porque, una vez más, el mundo interior de Tolkien y el mundo exterior se anudan y entrelazan hasta constituir una sola realidad. ¿Cuál es esa realidad? La del triunfo del mal y el ocultamiento del bien. En el bien entendido de que, aquí, bien y mal no son conceptos políticos, que uno pueda atribuir a ninguno de los bandos en liza, sino que se trata de conceptos interiores, de carácter espiritual. En plata: los aliados no serán mejores que Alemania. Esto escribe Tolkien a su hijo:

“Estamos intentando conquistar a Sauron con el Anillo. Y (según parece) lo lograremos. Pero el precio es criar nuevos Sauron y lentamente ir convirtiendo a Hombres y Elfos en Orcos. Esto no quiere decir que en la vida real las cosas resulten tan claras como en una historia, y empezamos con un vasto número de Orcos de nuestro lado (…) No se puede luchar con el Enemigo con su propio Anillo, sin convertirse uno a su vez en Enemigo; pero desdichadamente la sabiduría de Gandalf parece haber desaparecido con él hace mucho en el Verdadero Oeste”.

El Señor de los Anillos apareció en tres volúmenes entre 1954 y 1955. Fue un éxito mundial inmediato. El tranquilo profesor de Oxford se vio convertido en una celebridad. Era demasiado oropel para un hobbit de gustos sencillos, como Tolkien: nuestro autor se mudó a una casa de campo, dejó su trabajo como profesor y se dedicó a cuidar de su mujer, Edith, aquejada de una parálisis progresiva. Mientras tanto, los personajes del mundo tolkieniano pasaban aceleradamente a la cultura popular, también al activismo político. Una célebre pintada en una calle italiana, en los años setenta, proclamaba: “Gandalf está vivo y lucha con nosotros”.

A Tolkien siguieron lloviéndole los reconocimientos: fue nombrado doctor honoris causa en Cambridge y Edimburgo, la reina le hizo comandante del imperio británico… Pero nada de esto tenía ya demasiada importancia para el hobbit, entregado a su mujer hasta el último suspiro. Edith Mary murió en 1971, con 82 años. Tolkien sólo le sobrevivió dos años: murió en 1973. Sus hijos escribieron en sus tumbas los nombres de Luthien y Beren, los dos amantes del “legendarium” tolkieniano.

El anciano profesor de Oxford, el niño huérfano acogido a la caridad de un cura jerezano, legaba al mundo otro mundo: la Tierra Media. El Silmarillion es la guía que permite entrar en ella. Mil avatares, desgracias y venturas se suceden en la Tierra Media, hoy destruida, mañana reconstruida. En esa historia de destrucción y resurrección se insertan las dos obras mayores de Tolkien: El Hobbit y El Señor de los Anillos. Y en esa fantasía épica que es toda la obra de Tolkien, el lector encuentra una clara imagen de la vida: sacrificio frente a hedonismo, familia y comunidad frente a individualismo, fidelidad e integridad frente al vértigo moderno, tradición y respeto frente a maquinismo, ecología y ley natural frente a la explotación de la Tierra… todo un programa.

¿Por qué, hoy, Tolkien? Porque nos ha devuelto la fe en nosotros mismos. Porque nos ha enseñado que podemos volver a ser héroes. Porque nos ha enseñado de nuevo el camino del bien, la verdad y la belleza, en un mundo que quería reducir todo eso a la nada. Lo que Tolkien viene a decirnos específicamente a nosotros, europeos y cristianos –queramos o no-, atribulados por el peso desconcertante de la Historia, es que el heroísmo siempre es posible, porque siempre será necesario conquistar anillos para ponerlos a buen recaudo. Por eso hay que leer a Tolkien.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Καλά Χριστούγεννα!


(Lucas 2,1-14) En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.

También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo:

No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Y de pronto se juntó con el ángel una multitud de las huestes celestiales, 
que alababa a Dios, diciendo:


Gloria a Dios en las alturas 
y en la tierra paz 
a los hombres en quienes Él se complace



Mi esposa y yo les deseamos:

Mari y Jordi

domingo, 27 de noviembre de 2016

La vida de J.R.R. Tolkien será llevada al cine (o eso dicen): "Middle Earth"

Familia Tolkien, 1940
Si bien El Silmarillion tiene más que complicada su adaptación al cine (y vista la adaptación que se ha hecho de El Hobbit, debo agregar que ¡menos mal!), parece que La vida de J.R.R. Tolkien y su potencial para ser llevada a la gran pantalla no ha pasado desapercibida a la productora New Line Cinema. Efectivamente, según parece (y nos informa Europa Press), el biopic de J.R.R. Tolkien será estrenado en el próximo Festival de Cine de Berlín y llevará por título Middle Earth

Y bien, siempre según Europa Press, la película será dirigida por James Strong, quedando la producción a cargo de Robert Shaye y Michael Lynne (como ya hicieron en la primera trilogía basada en las novelas del autor) y el guión bajo los auspicios de Angus Fletcher, quien al parecer ha invertido seis años en la investigación minuciosa de la vida de Tolkien. Y así, el biopic abarca desde el estallido de la Primera Guerra Mundial (acontecimiento que marcó indeleblemente a nuestro autor) hasta la composición de sus grandes obras literarias, acentuando muy especialmente la importancia capital del amor de su vida, su esposa Edith Mary Tolkien, y sin el cual no pueden entenderse algunos de los episodios más bellos, profundos y conmovedores de su esfuerzo subcreador (véase, por ejemplo, el relato de Beren y Lúthien)

Y veamos, a mi todo esto me produce sentimientos encontrados, qué quieren que les diga. Por una parte, siempre es motivo de expectación saber que algo relacionado con J.R.R. Tolkien será llevado a la gran pantalla. Y por otra no puedo dejar de preguntarme qué opinaría el escritor ante tal evento. Veremos en qué queda, si es que queda, pero sobre todo veremos cómo es tratada la biografía del autor por estos gigantes del negocio audiovisual. De momento, según he leído, la película tendrá un marcado "carácter épico", y tratándose de una biografía, pues dirás que las dudas se ciernen sobre la mismísima Tierra Media, al menos sobre sus aledaños filmados...

domingo, 2 de octubre de 2016

Sobre la secuela fallida de ESDLA

¿Ideó Tolkien alguna secuela del Señor de los Anillos? La respuesta es sí, aunque abandonó su escritura al poco de empezarla. Según confiesa el autor en Cartas, página 400, el motivo que lo hizo desistir fue el cariz "siniestro y deprimente" que iba tomando cuerpo en el texto a medida que fluía la escritura de esa continuación de ESDLA.

Pero dejemos que lo explique el mismo J.R.R. Tolkien:

"Empecé, por cierto, una historia cuya acción se sitúa unos cien años después de la Caída [de Sauron], pero resultó a la vez siniestra y deprimente. Puesto que tratamos de hombres, es inevitable que nos centremos en el rasgo más lamentable de su naturaleza: su rápida saciedad con el bien. De modo que la gente de Gondor, en tiempos de paz, justicia y prosperidad, se volvería descontenta e inquieta (...). Descubrí que en época tan temprana se había dado una cosecha de proyectos revolucionarios en torno a un centro de una religión satánica secreta; mientras que los niños gondorianos jugaban a ser orcos y se divertían haciendo daño." (J.R.R. Tolkien, "Cartas", p. 400.)

Tras la lectura de este párrafo, más allá del más que probable fracaso que hubiera supuesto una secuela de ESDLA, la comparación con la locura colectiva en que anda instalado este comienzo del siglo XXI es inevitable. Efectivamente, cuando la ideología suplanta a la realidad y las leyes de los hombres dan la espalda a la ley natural, antes pronto que tarde el desastre colectivo está cantado. Ojalá pueda cambiarse destino tan aciago para la raza humana con la misma facilidad con la que se guardan los primeros folios de una secuela literaria fallida en el cajón del escritorio.

domingo, 24 de abril de 2016

Tolkien Las palabras, los Mundos (Documental)



Se trata de un excelente documental biográfico sobre J.R.R. Tolkien, su obra y el contexto geográfico, social y personal que la hizo posible. El documental es obra del cineasta francés Simon Báckes y ha sido producido por ARTE France y la Compagnie des Phares et Balises. Y como resulta que lo repusieron el otro día en la tele y nosotros tuvimos la fortuna de verlo, pues no dejo pasar la ocasión y aquí lo tienen. Si sienten interés en las claves de la creación Tolkieniana y no lo han visto todavía, recomendado queda.

domingo, 21 de febrero de 2016

Aproximaciones críticas a ESDLA



A continuación, adjunto un texto que me ha parecido francamente interesante y que versa, naturalmente, sobre la cosmovisión que animó las letras de J.R.R. Tolkien; una visión un tanto alejada de las que suelen leerse sobre el universo creativo de nuestro autor y que tiene que ver, como no podría ser de otro modo, con las profundas raíces católicas que animaron, como recorriéndola entera, toda su creación literaria, especialmente El Silmarillion y El Señor de los Anillos.

El texto lleva por título: Una aproximación católica a Tolkien, siendo su autor el erudito tolkieniano Carlos Alberto Díaz G.

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Aproximarse a J.R.R. Tolkien nunca es fácil; la enorme fama de este autor y su obra ha hecho que se escriba una ingente cantidad de material que a veces puede incluso confundir a quien no conozca la magnitud del fenómeno generado.

En realidad pocos autores han originado tal intensidad en el seguimiento de su obra, muestra de lo cual son las numerosas asociaciones alrededor del mundo que se dedican casi exclusivamente a difundir, estudiar y profundizar la obra del escritor inglés de origen sudafricano, además de la enorme dedicación de quienes se ocupan -algunos de manera prácticamente exclusiva- en conocer hasta las facetas más recónditas del pensamiento de Tolkien.

Esta enorme fascinación, que ha convertido la obra de este escritor -en especial El Señor de los Anillos- en un fenómeno de masas, incrementado a nuevas cotas de popularidad por las películas actualmente en producción y cartelera, hace necesario un profundo análisis de su persona y su obra, con el fin de tratar de dilucidar qué cosmovisión y qué valores subyacen en ella, y de este modo aproximarnos con una visión crítica.

J.R.R. Tolkien
Comencemos diciendo que muchos de los valores y concepciones de Tolkien son universales; responden, pues, a la naturaleza humana y hablan profundo al corazón del hombre de cualquier tiempo y lugar: la amistad, el heroísmo, el seguimiento de grandes ideales, el sacrificio, la lucha entre el bien y el mal. Esto es así, en razón de que el autor siempre se declaró abiertamente católico, y como él mismo lo afirmara, toda su visión católica -palabra que precisamente significa "universal"- se transparenta a menudo en sus escritos, sin que se trate en absoluto de una obra "religiosa" en el sentido clásico del término. Por lo tanto, intentaremos un análisis de la obra de J.R.R. Tolkien desde la fe católica, con el fin de esclarecer qué le dice este escritor al católico de hoy, además de tratar de desentrañar los riesgos que puedan representar desde esta perspectiva diversas lecturas y aproximaciones a su obra.

Aunque por fuerza se analizará El Señor de los Anillos, su obra más conocida y popularizada, he recurrido a otras fuentes más claras y concisas para esclarecer algunos puntos de interpretación, sobre todo sus Cartas y algunos textos de la Historia de la Tierra Media editados por su hijo Christopher Tolkien, y textos de otros autores sobre la obra y el pensamiento de J.R.R. Tolkien.

Sobre el propio Tolkien, podemos decir que es evidente su profunda fe y su pertenencia a la Iglesia. Él mismo dedicó algunos de sus textos a reflexionar sobre el catolicismo, la Verdad, y otros temas afines, además de entablar profundos diálogos de fe con su amigo C.S. Lewis, quien a pesar de ser anglicano mostró siempre una gran cercanía a la fe católica (el mismo Tolkien afirmaría que Lewis era un anglicano atípico, ya que admiraba muchos rasgos de la Iglesia Católica, que la gran mayoría de sus hermanos de fe rechazaban). Además, J.R.R. analizó muchas veces sus propios escritos desde la fe, incluso criticando en ocasiones las visiones teológicas erradas que pretendían atribuirle algunos estudiosos a su trabajo.

Para adentrarnos en su obra escrita, podemos comenzar hablando de los hobbits, que son en última instancia los protagonistas de El Señor de los Anillos. Ellos son utilizados por Tolkien para dos finalidades: la primera, para mostrar el lado "burgués" del ser humano, su instalamiento, su amor por la comodidad y su radical negativa a emprender aventuras; pero al mismo tiempo, para resaltar que, como en el caso de Frodo, siempre existe la valentía y el coraje "aún en la persona más pequeña" para cambiar el "curso del futuro", como se dice en la película La comunidad del anillo. Y la segunda, para señalar, en una frase de claras resonancias neotestamentarias, que muchas veces los humildes son ensalzados, mientras que los soberbios a menudo resultan humillados.

Otro aspecto importante a resaltar es el de la lucha entre el bien y el mal. Es claro que en su obra Tolkien plantea un conflicto entre ambos, pero es evidente en los libros -aunque quizás no tanto en la película- que el mal no es una categoría absoluta y que en última instancia es sólo la ausencia de bien. Todos los seres "malos" del universo tolkeniano fueron creados buenos por Dios (incluso Sauron o los orcos, que antes eran elfos); el mismo Sauron, que dentro de la estructura narrativa es un ser "espiritual", en el sentido en que lo son por ejemplo los ángeles -es decir, personas inmortales con inteligencia y voluntad- sucumbió a la tentación presentada por Morgoth, quien es el primer ser espiritual en optar por el mal, en una clara reminiscencia de la caída de los Ángeles de la doctrina Cristiana. (Cf. CEC 391-392)

La amistad verdadera también es un elemento fundamental al leer a Tolkien: el mismo nombre del primer libro (La comunidad del anillo) ya nos habla claramente de la importancia que le daba el profesor de Oxford a este factor. La ayuda mutua que se dan los miembros de la comunidad, el poner los diversos dones recibidos al servicio de los demás y de la misión, la fidelidad en los momentos más difíciles son, entre otros, ingredientes esenciales de su obra que pueden ayudar a iluminar nuestra realidad cotidiana.

Otro elemento esencial a la hora de aproximarse a este escritor es el sentido épico: esa aventura heroica que lleva a los protagonistas a cambiar radicalmente sus vidas en aras de un ideal, e incluso a sacrificar la misma vida por la misión encomendada, nos muestra una realidad que puede iluminar nuestra propia existencia humana como peregrinos, en la gran aventura que es la vida cristiana.


Los riesgos de Tolkien

Existen varias precauciones a la hora de aproximarse a la obra de J.R.R. Tolkien; algunas provienen de los propios libros y otras de la interpretación particular que hizo Peter Jackson al dirigir las películas.

En primer lugar, muchos de los elementos de los libros -y en mayor medida de la película-, pueden interpretarse desde el fenómeno de la llamada Nueva Era. En realidad es difícil dar una opinión definitiva sobre las conexiones de Tolkien con lecturas gnósticas del cristianismo, pero en un libro donde los elementos cristianos son muchas veces demasiado sutiles o demasiado "alegóricos", es un riesgo inevitable que muchos se aprovechen de ello para dar sus propias interpretaciones.

El mismo J.R.R. señaló en varias oportunidades que su obra no era antropocéntrica sino "elfocéntrica", queriendo decir que era la visión del mundo desde el punto de los elfos y no de los hombres; soslayó así en el panorama de su creación cualquier referencia a un Reconciliador de la Caída que claramente se señala en su obra, razón por la cual los hombres del universo tolkeniano a veces tienen una visión desesperanzada de la realidad, y son tratados comúnmente de manera despectiva por los demás pueblos, sobre todo por los elfos, que los ven como una raza débil y sin un futuro claro. Otro aspecto importante es que al crear una especie de "realidad paralela", Tolkien estaba eliminando de ella toda referencia a Cristo o al Cristianismo. Él mismo diría que aunque era cristiano, su "Tierra media" no lo era; y es que aunque los pueblos de esta realidad adoran al Dios Único -como queda claro en muchos textos aclaratorios como El Silmarillion-, no parece haber cabida dentro de la sub-creación para la venida del Hijo de Dios.

También la obsesión de muchas personas ha generado un fenómeno que pudiera ser cómico si no fuera tan serio: muchos se han involucrado tanto en la obra de Tolkien y en el mundo por él construido, que consideran a éste casi como la realidad (o incluso más "real" que la realidad misma), llegando a aprender y hablar cotidianamente los lenguajes inventados por Tolkien, o moviéndose en un ambiente de "juegos de rol", con un nombre sacado de la obra y que los identifica allí, y constituyéndose así en un curioso escapismo frente a la propia realidad. Es que una cosa es ser admirador de la obra y otra muy distinta obsesionarse hasta el punto de no diferenciar la realidad de la ficción, por bien construida y estructurada que pueda estar.

Muchas veces rica en elementos, a menudo mal interpretada, la obra de Tolkien contiene muchísimos factores para considerar; hemos tratado aquí de dilucidar algunos puntos importantes, de modo que nos aproximemos a esta ingente obra con un espíritu crítico que nos permita contemplar en su justa medida la producción literaria y ahora cinematográfica de este gran escritor de la lengua inglesa.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Καλα χριστουγεννα!



(Lucas 2,1-14) En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.

También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo:

-No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Y de pronto se juntó con el ángel 
una multitud de las huestes celestiales, 
que alababa a Dios, diciendo:

Gloria a Dios en las alturas 
y en la tierra paz 
a los hombres en quienes Él se complace.



¡¡¡¡ Feliz Navidad !!!!


Mari y Jordi

sábado, 21 de noviembre de 2015

Christopher Tolkien cumple hoy 91 años



J.R.R. Tolkien, su esposa Edith y sus hijos,
John, Christopher y Michael en el jardín de su casa.
La foto no tiene fecha, de todos modos es anterior a 1929, año en que
nacería la pequeña de la familia, Priscilla Tolkien.
Christopher John Reuel Tolkien (Leeds, Yorkshire del Oeste; 21 de noviembre de 1924) es un escritor británico, tercer hijo del también escritor J. R. R. Tolkien y de Edith Mary Bratt. Es muy conocido por el trabajo que ha realizado como editor de la mayor parte de la obra de su padre y que ha ido publicando tras su muerte, como su albacea literario.

Christopher fue educado en el Dragon School, en Cherwell, y más tarde en el Oratory School. Se formó como piloto en Sudáfrica y durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Royal Air Force, continuando sus estudios en el Trinity College tras finalizar la contienda. Más tarde siguió los pasos de su padre, convirtiéndose en profesor universitario y tutor de Lengua inglesa en la Universidad de Oxford.

Christopher ha sido siempre parte de la audiencia crítica de la ficción de su padre, primero como niño, escuchando las historias de Bilbo Bolsón en El hobbit, y luego como un adolescente y joven adulto, retroalimentando a su padre en El Señor de los Anillos durante los últimos años de su gestación, e incluso participando desde 1945 en los debates literarios de los Inklings. (Información extraída de la red)

*

Sirva esta entrada como homenaje en el nonagésimo primero aniversario de Christopher Tolkien. Ciertamente, muchas de las obras de su padre nunca hubieran llegado a nuestras manos de no haber sido por la meticulosa e ingente labor de recopilación que ha hecho su hijo Christopher. ¡Felicidades!

jueves, 11 de junio de 2015

Christopher Lee. In memoriam . . .

(Rhapsody of Fire & Christopher Lee)



Christopher Lee como "Saruman"
Se nos ha marchado el gran Christopher Lee a la edad de 93 años; nos deja un actorazo de primerísima magnitud amén de una voz portentosa. En este rincón virtual, como es natural, siempre será Saruman el Blanco (también conocido como Curunír o Zarquino) por más que fuera el Conde Drácula más famoso del siglo XX o incluso el mismísimo Conde Dooku en la saga de Stars Wars...

...Así pues, posteamos una entrevista que le dedicó el diario El País en el año del Señor de 2009, siendo en noviembre y encima día 13. 

Descanse en paz

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"Detrás de la escalera, aparece sir Christopher Lee. Impresiona. Mucho. Londinense de 87 años, aún mantiene una presencia desasosegante. Mide 1,96 metros -según el Libro Guinness de los récords, es el actor principal en activo más alto del mundo-, y su voz profunda aún retumba como en los buenos tiempos. Sin embargo, su espalda le está machacando en los últimos meses, y eso le obliga a usar bastón. Mira al periodista -de parecida altura- y le somete a un riguroso interrogatorio médico, antes de soltarle un listado de recomendaciones para que cuide las vértebras. Por supuesto, el examinado asiente a todo: no se debe llevar la contraria a Drácula."

"Durante la entrevista, Lee se muestra socarrón, parlanchín y se arrepiente de un primer ataque de carácter que ha tenido al sentarse en la butaca que él prefería. En el vestíbulo del sevillano hotel Alfonso XIII, se cruzan los asistentes a varias bodas. Por oleadas, el ruido y las risas interfieren en la charla. Pero Lee, nombrado caballero de la reina el pasado mes de junio, no puede moverse mucho. Mira sus piernas, sonríe con tristeza y calla hasta que cesa el murmullo. "Mi espalda me está destrozando. Después de la operación los músculos deben recolocarse, y no es fácil. Me operaron hace poco, y no he descansado, promocionando Triage, primero en el certamen de Roma y ahora aquí. No paro de tomar analgésicos. Pero esto no interesa a nadie, no deberíamos estar hablando de ello, ¿no? Pregunta, pregunta".

"Por dónde empezar. Lee es uno de los grandes del cine de terror. Bajo el paraguas de la productora Hammer se convirtió en un Drácula de altura. El actor británico ha participado en más de 260 filmes: desde sus colaboraciones con Jesús Franco a la saga Star wars; desde The wicker man a El Señor de los Anillos; de La vida privada de Sherlock Holmes al bond de El hombre de la pistola de oro. Y por supuesto sus trabajos con Tim Burton, miniseries de televisión... ¿Qué le queda por hacer? "Don Quijote. ¿Podría el público español aceptarme en ese personaje? Es un sueño, y desgraciadamente estoy sobrepasando por muy poco su edad [sonríe]. Tengo desde luego su cara y entiendo perfectamente su comportamiento. Un hombre de gran fuerza, que trata a cada mujer como si fuera una princesa. Una historia maravillosa". Terry Gilliam está buscando un Quijote. "Ya, por eso me lamento. Pero espero poder cumplir mi sueño. Espero. En realidad ya no hago papeles largos. Por eso estoy agradecido a Triage".

"Pues hablemos de sus Fu Manchú con el director Jesús Franco, conocido internacionalmente como Jess Franco. "Cómo nos reíamos. Tenía un talento increíble, pero nunca un presupuesto decente. Así que usaba constantemente el zoom para no enseñar mucho. Con más dinero hubiera llegado más lejos. Y cómo nos lo pasábamos. Un día rodando en el club de golf de La Manga, yo estaba cubierto completamente de sangre y heridas purulentas, y decidí entrar así al bar del club. Me apoyé en la barra y le solté al camarero: "El hoyo 18 es un hijo de puta [en español]". Nos lo pasábamos muy bien".

"Inmediatamente cambia de tercio. "Vivo en el presente, no en el pasado. No estoy anclado en casa recordando mis décadas de trabajo". Pero sí le gusta dar consejos: "A los actores jóvenes siempre les digo 'Hazlo lo mejor que puedas'. Es mejor ser profesional que tener talento. He trabajado con los peores y los mejores directores. En varias ocasiones me he planteado qué hacía yo en el plató. Sin embargo, nunca me he largado de un filme, incluso cuando me engañaron con los nombres de mis compañeros de reparto".

Christopher Lee y su esposa Birgit
"A Lee le asombra que en España le conozcan tan bien. "Se notan mis trabajos con Tim Burton, uno de los grandes del cine de hoy, en Star Wars y El Señor... Aquí son muy respetuosos. En Berlín, sin embargo, son muy maleducados. Mi yerno, que es gallego, me dijo que dejara de firmar autógrafos, ¡los subastan por Internet a 600 dólares! Incluso escanean mi firma y la pegan a otras fotos. No te puedes fiar de la web".

"Su mujer -la danesa Birgit Kroencke con la que lleva casado desde 1961- interrumpe: la media hora
pactada se ha convertido en 60 minutos. Toca comer. Apagada la grabadora, Lee pregunta: "¿Te diste cuenta de mi acento español en Triage?". Pues sí, ha trabajado bien su inglés. "Honestamente, ¿qué te ha parecido el filme?". Por supuesto, no se debe llevar la contraria a Drácula..."