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sábado, 20 de mayo de 2023

Mordor . . .

Frodo: “… hay unas marcas, algo que parece élfico, no sé leerlo.”
Gandalf: “Muy pocos pueden. Es la lengua de Mordor, que no emplearé aquí.
En la lengua común, dice...

"Un Anillo para gobernarlos a todos.
 Un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
en la Tierra de Mordor 
donde se extienden las Sombras."

domingo, 28 de octubre de 2018

“Sínodo de la juventud" o la "Gravedad de los errores modernistas"

Ayer mismo se conoció el documento final de la XV Sesión General del Sínodo de Obispos, más conocido como “sínodo de la juventud” (ver aquí). Pues bien, tal y como lo describe uno de los obispos participantes en declaraciones a la agencia AFP: “Uno tiene todo lo que necesita para el baño y la cocina en todos los estilos, así que todo el mundo puede identificarse con él”. Muy preocupante. Ninguna referencia a la Santísima Virgen María, Madre de Nuestro Señor Jesucristo, ninguna referencia a la esencia sobrenatural de nuestra Fe, ninguna a la centralidad de Jesucristo y de los Evangelios, eso sí, el sínodo terminó con una fiestuqui discotequera (ver aquí). Vamos, todo muy setentero y guay (del paraguay). Todos los esfuerzos realizados por Juan Pablo II y Benedicto XVI por atenuar el modernismo desatado en el CVII, a tomar viento. Porque tal parece que la consigna, ahora, es la “sinodalidad”, es decir, una suerte de descentralización del poder temporal de la Iglesia en favor de las distintas conferencias episcopales nacionales, las cuales podrán ejercer su pastoral como mejor estimen conveniente, o en román paladín: podrán poner en práctica su visión particular de lo que dicen los Evangelios y el Magisterio secular de la Iglesia, y si no coincide, pues peor para los Evangelios y para el Magisterio. Todo muy protestante, por supuestísimo, y en bandeja de plata “el libre examen”, al tiempo. Y no, por ahí no. A Dios gracias, la Iglesia se funda en Jesucristo; se funda en la realidad inmutable, atemporal, del mensaje del Hijo de Dios expresado a través de los Evangelios. A Dios gracias, la Fe de los católicos, la nuestra, está por encima de las veleidades de una Jerarquía y de un Papa que se han vendido a los dictados políticamente correctos de un mundo en franca decadencia. No, santo Padre, no, la Iglesia no debe iluminarse con las luces discotequeras del mundo sino que debe iluminar al mundo con el mensaje salvífico de Nuestro Señor Jesucristo. Y no, Su Santidad, no, el Gran Acusador, a quien usted cita en la presentación del texto final de este sínodo, no está de lado de quien tiene los arrestos para denunciar, desde la misma curia, los crímenes y encubrimientos contra los menores, más bien milita junto a quienes propician, con sus zigzagueos y ambigüedades, que tal estado de cosas siga borroso, y acaso impune.

Así pues, he aquí un extracto de la Carta encíclica Pascendi, escrita por San Pío X en el año del Señor de 1907. Estas letras apostólicas versan sobre las doctrinas de los modernistas y constituyen una clara y vigorosa denuncia hacia las mismas (texto íntegro, aquí). Y a mi esposa y a mi nos parece oportunísimo hacerse eco de ellas. Helas aquí:

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Imagen tomada del blog Wanderer
Gravedad de los errores modernistas

Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo. Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.

Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.

Tales hombres (...),  ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper. (...) Basta, pues, de silencio; prolongarlo sería un crimen. Tiempo es de arrancar la máscara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son en realidad.

domingo, 20 de mayo de 2018

Iglesia y nuevo orden mundial. Notas orientativas (Por Don David Glez Alonso Gracián)

A continuación, un certero análisis sobre la deriva totalitaria que se cierne sobre todo el orbe. Sobre todos, sí, pero muy especialmente sobre la catolicidad del mensaje salvífico de Jesucristo. Sobre la Verdad. El texto se encuentra en el portal InfoCatólica y su autoría corresponde, en su integridad, a David Glez Alonso Gracián.

Efectivamente, en palabras del autor: «Los valores del nuevo orden apisonan, nivelan, horizontalizan, obligando (por ley) a mirar todas las cosas a ras del suelo; dinamitan la verticalidad para fundar solares yermos, sobre los cuales edificar la ciudad terrena planetaria. Pero la Iglesia no está indefensa ante el horizontalismo mundial, salvo que acepte sus principios y se terrenalice». Cierto, solares yermos, negación de la verticalidad trascendente del Hombre, reducción del mensaje salvífico de Nuestro Señor Jesucristo a una suerte de modo de hacer (y pensar) que no ofenda ni contravenga de manera abierta la Weltanschauung globalista y el puño de hierro de su pensamiento único, marca de fábrica (o de la bestia) del Nuevo Orden Mundial. Disolución de la Verdad en una serie de reflejos relativos (o juego de Nadas y vacíos, de sombras) que nos recuerdan demasiado al marxismo cultural lanzado en los años treinta del siglo pasado por la Escuela de Frankfurt. Modernismo, en suma, contra el que advirtió, antes, el Papa Pio X en su Carta Encíclica Pascendi. Citando de nuevo a Don Alonso Gracián: «Todavía, sin embargo, hay quienes creen que 1789 se puede leer en católico. Pero si la Iglesia adopta por ósmosis los principios neotéricos,  pierde su identidad y desactiva su mediación salvífica» ¿Frente a ello? Evangelio, Magisterio, Tradición. VerdadNuestro Señor Jesucristo.

Les dejo, pues, con el texto íntegro del Sr. David Glez Alonso Gracián.


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Iglesia y nuevo orden mundial. Notas orientativas


1.- La difusión planetaria de un nuevo orden antimetafísico es un obstáculo para la Iglesia en el mismo sentido en que lo es la revolución.

Más aún, por ser el proceso de globalización un proceso revolucionario sin fecha, es un obstáculo crítico, que exige lo mejor y más sólido del pensamiento católico para poder ser salvado.
Todavía, sin embargo, hay quienes creen que 1789 se puede leer en católico. Pero si la Iglesia adopta por ósmosis los principios neotéricos,  pierde su identidad y desactiva su mediación salvífica.  El mayor reto es mantener incólume su doctrina y enderezada su praxis, siempre ordenada al fin último y a hacer posible la vida virtuosa personal y social. 

2.- En cuanto nuevo orden, va precedido de graves conflictos y enormes sufrimientos. Pienso, por ejemplo, en la II Guerra Mundial, que le sirve de preparación.

Como todo aplanamiento axiológico general, tan propio de apisonadoras totalitaristas, el proceso globalizador produce una uniformación positivista de las conciencias. (A las que se reserva, en cambio, para salvar las apariencias, un núcleo privado de subjetivismo, el suficiente para hacer posible su  pluralidad, necesariamente relativista.)

3.- Los valores del nuevo orden apisonan, nivelan, horizontalizan, obligando (por ley) a mirar todas las cosas a ras del suelo; dinamitan la verticalidad para fundar solares yermos, sobre los cuales edificar la ciudad terrena planetaria. Pero la Iglesia no está indefensa ante el horizontalismo mundial, salvo que acepte sus principios y se terrenalice.

4.- Comenta Ernst Jünger en sus Diarios Pasados los setenta V, que «desde el punto de vista histórico, al estado mundial le precede un Accio», tras el cual comienza el largo período del Imperio; esto es, una gran batalla que entierra el viejo orden, e inaugura la nueva era de la globalidad; una disolución cainita, que clausura lo antiguo y da comienzo a lo nuevo.

Tal vez, sin embargo, continúa Jünger, «Accio se quede en nada», es decir, un conflicto global no sea necesario para pasar al Estado mundial. El desencadenante podría ser, también, un proceso sin límites precisos, que correspondería al papel unificador de la técnica, y más concretamente de la democracia tecnológica. Gracias a ésta, pienso yo, se pretendería reconfigurar la mundialidad sin ruptura de fronteras. Se fundaría una superadministración positivista, una macroestatalidad moderna, cuya potente burocracia disolvería, poco a poco, las soberanías nacionales y haría posible la transmutación del derecho.
Concluye. «Esto podría significar que el tránsito a un Estado mundial ha tenido lugar ya, sin que se haya percibido»
El Estado Mundial no ha necesitado una batalla de Accio. Le ha bastado revolucionar tecnológicamente el mundo, y no como hecho consumado, sino como imperativo categórico.

5.- El Estado mundial, sin embargo, es un hecho no acaecido como hecho, sino como proceso; no como espacio formal, sino como tiempo. No como estado concreto propiamente dicho, sino como estado mundial transversal.

6.- La ética mundial, llamada por el nuevo orden a sustituir al ethos católico, se difunde por los estados y sociedades usurpando el papel que corresponde a la ley moral. Contrafigura de la Iglesia, el Estado mundial propaga sus valores de contracatolicidad:

en lugar de universalidad, globalidad; en lugar de mandamientos, normas generales (siempre entendidas en sentido convencional); en lugar de unidad católica, pluralismo axiológico y agnosticismo institucional.

7.- 1789 es una fecha imposible de leer en cristiano, salvo globalizándola; entonces cobra apariciencia de ethos general, y puede hacerse pasar por ética católica. ¡Despierta pronto, Iglesia, sobre esto!

8.- Para comprender la globalización es fundamental distinguir, como hace Rafael Gambra, entre comunidad y coexistencia. Frente a la comunidad en la verdad, se difunde, a nivel planetario, la coexistencia de opiniones.  Frente a la unidad social, el pluralismo distópico. 

9.- La globalización toma la forma, también, de una pulverización legal, democrática, de la ley eterna, sin fecha, indefinida, siempre en proceso.

10.- Puede entenderse, sobre todo, como uniformidad ambigua y anómica, trabajo de titanes,  Ánomos y Anfíbolos.

Un gobierno mundial que no es concretamente un gobierno, pero que gobierna; y una anomia planetaria traducida en leyes.

11.- La concepción natural del estado como comunidad política ha sido sustituida por una visión burocrática de la potentia absoluta luterana y nominalista, o más concretamente como la entiende Nietzsche: pura voluntad de poder en sede administrativa.

12.- La burocracia es el statu quo del estado moderno global, y el derecho administrativo su arquitectura efímera.

13.- La globalización es una imitación revolucionaria de la catolización.

14.- Detrás de la utopía del estado global se agazapan, sobre todo, errores teológicos.

15.- Es por eso que la Iglesia, si se libera del personalismo, que inevitablemente congenia con la “sana” globalización laica, puede arrojar mucha luz. Pero antes debe recuperar la virtud de la clasicidad, esto es: la de no apartarse ni un ápice de lo tradicional.

y 16.- Puede parecer que tras los muros de la ciudad global no hay salida, ni camino que tomar. Que no hay sendero a la realidad, ni opción alguna. Pero no es cierto. La Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15) tiene remedios poderosos contra los titanes. Ánomos y Ánfilbolos se deshacen, como sombra gaseosa, frente a la realeza del Logos.

La Iglesia sigue siendo el Cuerpo de Cristo, sigue siendo societas perfecta, sigue siendo una puerta, la única puerta, en medio de un muro. 

Sólo hay que pedir ayuda y atravesar el umbral. Entonces se penetra en la Casa del Dios vivo, donde hay recursos. No ociosos, ni vanos, ni de otra época, sino eficaces, perennes y veraces. Sólo hay que recuperar el numen católico.


David Glez Alonso Gracián