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domingo, 12 de enero de 2025

Tolkien, cartas: Fe y Literatura

A continuación les presentamos un precioso artículo de Robert Lazu Kmita (Rumanía) que lleva por título, Tolkien: Fe y Literatura. El original puede encontrarse aquí, estando la traducción a cargo de Natalia Martín.


Tolkien: Fe y Literatura

"Las cartas de nos quedan de J.R.R. Tolkien contienen numerosos pasajes que expresan las creencias religiosas del famoso creador de los hobbits. Antes de empezar a leer esas cartas, en las que podemos aprender cómo entendió y vivió su fe católica el creador de los hobbits, hemos de recordar que fue criado y educado por su madre, Mabel Tolkien (Suffield de soltera), convertida a la Iglesia Católica desde la secta neo protestante baptista. El precio de su conversión -que ocurrió en 1900, cuando ella y sus dos hijos fueron recibidos en la Iglesia Católica Romana- fue en verdad grande: el martirio. A pesar de ser viuda (su marido, Arthur, murió en Sudáfrica el 15 de febrero de 1896), su familia baptista cesó cualquier asistencia financiera cuando su conversión pasó a ser pública. Como consecuencia directa de todas las dificultades de salud que sufrió, Mabel murió de diabetes el 14 de noviembre de 1904. Tenía sólo 34 años.

Los huérfanos, John Ronald Reuel (nacido el 3 de enero de 1892) y su hermano Hilary Arthur Reuel (nacido el 17 de febrero de 1894), fueron criados y educados por un sacerdote católico, el padre Francis Xavier Morgan de la Congregación del Oratorio creada por otro gran escritor católico, San John Henry Newman. John y su hermano Hilary estaban convencidos de que su madre murió como mártir por su fe católica. Es fácil imaginar la influencia que esta inconfundible verdad tuvo en las almas de estos dos jóvenes hermanos. Es la razón por la que, como notaremos en sus cartas, J.R.R. Tolkien fue un católico ferviente que vivió su fe intensamente.

El autor de El señor de los anillos colocó en el centro de su vida el Santísimo Sacramento del altar, como podemos leer en una carta enviada a su segundo hijo, Michael, en marzo de 1941:

“Desde la oscuridad de mi vida, tan frustrada, te presento una gran cosa a la que amar en la tierra: el Santísimo Sacramento”

La importancia que J.R.R. Tolkien siempre atribuyó a la sagrada Eucaristía es aún más evidente en otra carta, fechada en 1963, al mismo hijo Michael, en la que explica por qué está seguro de que la única iglesia verdadera de la tierra es la Iglesia Católica:

“Para mí, esa Iglesia de la cual el Papa es la cabeza visible en la tierra tiene una afirmación fundamental y es que siempre ha defendido (y aún defiende) el Santísimo Sacramento y le ha dado el mayor honor y lo ha puesto (como Cristo claramente quiso) en el lugar principal. “Alimenta mis ovejas” fue su último encargo a san Pedro; y, puesto que sus palabras han de entenderse siempre primero literalmente, supongo que se refieren primariamente al Pan de Vida. Fue contra esto contra lo que en realidad se lanzó la revuelta del occidente europeo (o Reforma) -“la blasfema fábula de la misa”- y la fe y las obras una simple pista falsa. Supongo que la gran reforma de nuestro tiempo fue la que llevó a cabo san Pío X: por encima de cualquier cosa, por muy necesaria que sea, que el Concilio logre. Me pregunto en qué estado estaría la Iglesia ahora si no fuera por ella [la Eucaristía]”.

Crítico firme y vehemente de la Revolución protestante, que eliminó por completo la sagrada liturgia y los sacramentos de las vidas de millones de católicos caídos, J.R.R. Tolkien no era un simple apologeta del catolicismo sino, y al mismo tiempo, católico totalmente practicante y piadoso. Más tarde en su vida, cuando la Revolución entrara en la misma Iglesia -debido a las “reformas” del papa Pablo VI y el Concilio Vaticano II- se manifestará como un acérrimo oponente a la destrucción/sustitución de la misa de los tiempos del papa Gregorio Magno por una liturgia inventada. Podemos leer otro fragmento relevante que contiene una brillante refutación de la “reforma” litúrgica hecha en nombre de la vuelta al “cristianismo primitivo”, en una carta de 1967:

“La búsqueda “protestante” de simplicidad y franqueza hacia el pasado, aunque, desde luego, contiene algunos motivos buenos o al menos inteligibles, es errada y ciertamente vana. Porque el “cristianismo primitivo” es hoy y, a pesar de toda la “investigación”, seguirá siendo ampliamente desconocido; porque la “primitividad” no es garantía de valor y es, y era en gran medida, un reflejo de ignorancia. Los abusos graves han sido elementos del comportamiento litúrgico cristiano tanto en los primeros tiempos como ahora. (¡Las censuras de san Pablo sobre comportamientos eucarísticos son suficiente muestra de ello!) Aún más porque el Señor no pretendió que “mi iglesia” fuera estática o permaneciera en una infancia perpetua, sino que fuera un organismo vivo (parecido a una planta), que se desarrolla y cambia en lo exterior por la interacción de la vida divina que se le ha legado y de la historia, las circunstancias particulares del mundo en el que existe. No hay ningún parecido entre el grano de mostaza y el árbol crecido. Para los que viven en los días en que crecen las ramas, el árbol es la cosa, pues la historia de una cosa viva es parte de su vida, y la historia de una cosa divina es sagrada. Los sabios pueden saber que empezó con una semilla, pero es vano tratar de desenterrarla, porque ya no existe, y la virtud y las facultades que tiene ahora residen en el árbol. Muy bien, pero en agricultura las autoridades, los guardas del árbol deben cuidarlo de acuerdo con el saber que poseen, podarlo, quitar las llagas, librarlo de parásitos y todo eso. (¡Con inquietud, sabiendo lo poco que saben del crecimiento!) Pero ciertamente le harán daño si están obsesionados con el deseo de volver a la semilla o incluso a la primera juventud cuando era (como imaginan) hermoso y no afectado de ningún mal. El otro motivo (tan confundido ahora con el primitivista, de igual modo que en la mente de cualquiera de los reformadores): aggiornamento, poner al día, que tiene en sí mismo peligros graves, como se ha visto a lo largo de la historia. Con esto, el “ecumenismo” se ha vuelto también confuso”.

Al mencionar en una carta del 2 de enero de 1969 que su patrón es san Juan Evangelista, no pierde ocasión de insistir en su formación intelectual católica. De hecho, hizo de su fe católica el eje principal de toda su vida. Por eso, marcado por tal influencia, uno de sus hijos, John, se hizo sacerdote católico.

Hombre del tiempo en que vivía, John Ronald Reuel Tolkien fue “ciudadano total del Reino del Cielo” en la tierra, la Iglesia católica. Sólo un crítico o un historiador cegado por sus propios prejuicios puede ignorar la profunda religiosidad de J.R.R. Tolkien. ¿Pero cómo influye esta religiosidad en las historias épicas escritas por un autor de ficción que hizo las delicias de millones de lectores de todo credo y raza de la tierra?

Si las cartas de Tolkien nos permiten desvelar la dimensión religiosa y católica de la vida de su autor, la relación entre sus creaciones literarias y su fe religiosa son un asunto delicado. Todos los aspectos de esta relación se incluyen en un pasaje de una carta escrita en 1953 a uno de los amigos más importantes de J.R.R. Tolkien, el padre Robert Murray S.J., al que muestra cómo incluye cierto elemento religioso en sus historias:

“El señor de los anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica; de modo inconsciente al principio pero conscientemente en la revisión. Yo por eso no he puesto ni he cortado prácticamente ninguna referencia a nada como “religión”, cultos o prácticas en el mundo imaginario. Porque el elemento religioso está absorbido en la historia y en el simbolismo”.

Si el elemento religioso parece ser una ausencia notable en la Tierra Media, en esta carta el autor subraya que este elemento está “absorbido”, camuflado, en cualquier caso presente implícitamente en la textura de la historia y especialmente en sus símbolos.

Una de la seis páginas que han sobrevivido del primer manuscrito de El Hobbit de Tolkien.
Dibujo del mapa de Thror .

Como muchos otros grandes escritores católicos del siglo XX, como Gilbert Keith Chesterton y George Bernanos, J.R.R. Tolkien no escribe “literatura católica” programática, que represente como una forma disfrazada de apologética. Ninguno de estos escritores aceptó la etiqueta de “escritor católico”. J.R.R. Tolkien se consideraba a sí mismo escritor, pero no necesariamente un “escritor cristiano (es decir, católico)”. Es un católico que, entre otras vocaciones secundarias (como las de profesor, esposo y padre), recibió la de escritor. No confundió los principios y reglas propios del arte literario con los específicos de la religión y de la teología. Aunque armoniosos, en su perspectiva el arte y la fe son diferentes. Estos dos tipos de experiencia y pensamiento humanos tienen su propio campo. Ello no significa “divorcio”, sino una forma de coexistencia en la que siempre son posibles fuertes influencias e intercambios. Por eso J.R.R. Tolkien no niega la influencia de su fe católica en aquellos valores codificados en sus escritos. Por ejemplo, acepta la interpretación de una lectora devota, Deborah Webster, que piensa que los encantamientos de Elbereth o Galadriel de El señor de los anillos son similares a las oraciones católicas dirigidas a la Santísima Virgen María, o que el pan élfico llamado lembas simboliza la sagrada Eucaristía.

Junto a todas estas interpretaciones podemos proponer otra explicación a todos los lectores que ignoran el trasfondo católico de las obras de J.R.R. Tolkien invocando el hecho de que en la Tierra Media no hay religión. ¿Por qué? Porque, si el propio autor explica en una carta escrita en 1955 que la Tierra Media “es un mundo monoteísta de teología natural”, añade inmediatamente que “la Tercera Época no era un mundo cristiano”. En este punto subrayamos que el contexto histórico en que sucede la acción de ambas historias, El señor de los anillos y el Silmarillion, es uno antiguo y precristiano.

En este respecto, J.R.R. Tolkien sigue la misma senda de los primeros pensadores católicos, como san Justino, el mártir y filósofo, o Clemente de Alejandría, que buscaron y descubrieron en las enseñanzas de los antiguos sabios paganos las llamadas semina verbi (semillas del Logos, Nuestro Señor Jesucristo), que anticipaban la revelación cristiana. En el mismo sentido podemos descubrir en las historias de J.R.R. Tolkien muchos elementos cristianos consistentes que no son totalmente explícitos, sino más bien señales, símbolos, que pretenden guiar a los lectores a la plenitud de la fe cristiana.

domingo, 22 de mayo de 2022

El verdadero rey habita en el Oratorio. Tolkien en Birmingham

He aquí un bonito artículo que versa sobre las andanzas de J.R.R. Tolkien en Birmingham. Narra la importancia que tuvo para él el Oratorio de esa ciudad inglesa y, por supuesto, el lugar central que ocupó en la vida de nuestro autor el Santísimo Sacramento. Si lo desean pueden encontrar el texto original clicando aquí.

*

Birmingham esconde todo un recorrido que hará las delicias de los lectores de J.R.R. Tolkien y les dará algunas claves sobre la profunda fe católica del autor de El Señor de los Anillos. Lo cuenta K.V. Turley en National Catholic Register.

Aunque Tolkien nació en Suráfrica, la familia era de Birmingham. Y fue en Birmingham donde Ronald, de 4 años, su hermano pequeño, Hilary, y su madre, Mabel, se retiraron en 1896 cuando murió el padre de Tolkien. Tolkien llegaría a la edad adulta en la segunda ciudad de Inglaterra. Con el tiempo, abandonó Birmingham para ir a las trincheras de la Gran Guerra y, más tarde, a Oxford, pero fue Birmingham, como pudo serlo otro lugar, el que le moldeó. Esto es algo que se comenta a menudo. Lo que es menos conocido es el papel que desempeñó el Oratorio de Birmingham, fundado por el beato John Henry Newman en 1849, en los primeros años de la vida de Tolkien. 

Para horror de su familia, Mabel Tolkien fue recibida en la Iglesia Católica en 1900, junto con sus hijos -Tolkien tenía 8 años-. Más tarde se trasladó con los chicos para estar cerca del Oratorio de Birmingham, en Hagley Road, Edgbaston. El traslado fue motivado por la atracción de Mabel por la espiritualidad que había descubierto en el Oratorio. También se debió en parte a la oferta de una plaza para Ronald en la escuela anexa a la iglesia. En 1903, Ronald obtuvo una beca para la más prestigiosa King Edward's School, situada en otro barrio de Birmingham, y allí ocupó su plaza. No obstante, la familia Tolkien siguió viviendo cerca del Oratorio y asistiendo allí a misa y a otros ejercicios espirituales.

Entonces llegó la tragedia. Mabel enfermó gravemente en 1904 de una enfermedad entonces intratable, la diabetes aguda. Mientras agonizaba, su principal temor no era su inminente muerte, ni siquiera que sus hijos quedaran huérfanos. Lo que le preocupaba era la posibilidad de que sus hijos fueran obligados a renunciar a su fe católica por su propia familia o por la de su difunto marido. Por ello, dejó instrucciones para que sus hijos fueran tutelados por el Oratorio de Birmingham, y el padre Francis Xavier Morgan fue nombrado tutor legal de los dos niños. 

Estos dos vídeos, coproducidos por la Birmingham City University, muestran algunos de los lugares mencionados en este artículo como esenciales en la vida de Tolkien:



Tras la muerte de Mabel, los chicos se alojaron en casa de una tía, Beatrice Suffield, situada detrás del Oratorio, en Stirling Road. El padre Francis pagó allí el alojamiento y la comida de los chicos. Resultó que la señora Suffield había enviudado recientemente y todavía estaba de duelo por su marido. Sin duda, esto contribuyó a lo que más tarde se recordaría como el ambiente sombrío en el que estaban sumidos los chicos. La aversión de su tía por el catolicismo no hizo más que aumentar el aire de sombrío abatimiento. Durante esta época, el Oratorio sufrió un importante cambio arquitectónico. Un edificio eclesiástico mucho más grande sustituyó a la estructura improvisada que fue el hogar de Newman. Las obras se iniciaron en septiembre de 1903 y, para el Domingo in albis de 1906, una nueva iglesia de tamaño basílica se alzaba junto a la Casa del Oratorio.

Oratorio de Birmingham

Durante estos años, el padre Francis se tomó muy en serio sus obligaciones como tutor de los chicos Tolkien. Cada verano, los llevaba de vacaciones a la costa de Dorset. Fue durante una de estas vacaciones cuando el sacerdote se enteró de lo mal que vivían Ronald e Hilary en Stirling Road. A finales del verano de 1908, los hermanos habían cambiado de alojamiento, trasladándose a otra dirección cercana en Duchess Road, con la señora Faulkner. Esta mudanza iba a resultar significativa y a tener un efecto imprevisto y duradero en la vida de J.R.R. Tolkien. En esa dirección vivía otra inquilina. Una joven llamada Edith Mary Bratt. La madre de Edith, Frances, procedía de una conocida familia de fabricantes de calzado de Wolverhampton y se había trasladado a Birmingham por la vergüenza de tener una hija ilegítima. Lamentablemente, Frances murió cuando su hija aún era adolescente. A partir de entonces, la familia ampliada de Edith decidió que la adolescente tenía que seguir alojándose con la señora Faulkner.

Ronald, de 16 años, y su compañera de piso, Edith, tres años mayor que él, se hicieron amigos. Salían a dar largos paseos por el campo. Las noticias de estos paseos acabaron llegando al padre Francis en el Oratorio. No hace falta decir que el sacerdote estaba preocupado por una relación a una edad tan temprana. Se sintió obligado a actuar. Salvo por alguna comunicación ocasional, prohibió a Ronald ver a Edith. El chico obedeció. En cualquier caso, en 1910 Edith se había trasladado a otra parte del país. El floreciente romance parecía haber terminado.

La amistad de Ronald con Edith en casa de la señora Faulkner había hecho que el padre Francis comenzara a buscar un alojamiento alternativo para los hermanos. Encontró un hogar adecuado con los feligreses que vivían frente al Oratorio en Highfield Road. Durante este tiempo, Ronald intentó conseguir una plaza en la Universidad de Oxford. Lo consiguió en diciembre de 1910 en su segundo intento. En Oxford, al menos al principio, fue el padre Francis quien siguió pagando los gastos de manutención de Ronald.

La primera casa donde vivió Tolkien, en Wake Green Road, 264, Birmingham

En 1916, muchas cosas habían cambiado en la vida del joven licenciado. No solo había vivido las trincheras, sino que tres años antes, en 1913, Edith y Ronald habían vuelto a verse. Un año después, Edith se hizo católica. En marzo de 1916, la pareja se casó con el padre Francis más contento que nadie. En junio, Tolkien había recibido órdenes de que su batallón se trasladara al Frente Occidental. Antes de partir hacia Francia, la pareja recién casada visitó el Oratorio, pasando su última noche juntos en un hotel, The Plough & Harrow Hotel, que todavía se encuentra junto al Oratorio. El primer hijo de los Tolkien nació en noviembre de 1917. Le pusieron el nombre de John Francis en honor al tutor que había cuidado de los niños. En los años siguientes, la joven familia visitaba a menudo al padre Francis y a veces pasaba las vacaciones con él. El padre Francis Xavier Morgan murió el 11 de junio de 1935. En su testamento dejó mil libras esterlinas a Ronald y Hilary.

El Oratorio de Birmingham conserva varios objetos de Tolkien. Entre ellos hay un gran baúl, traído a Inglaterra por Mabel en su último viaje desde Sudáfrica justo antes de conocer la noticia de la muerte de su marido. Hoy en día, es posible pasear por las distintas direcciones de Tolkien cercanas al Oratorio. Todas ellas están a escasos minutos de distancia. Al hacerlo, queda claro que el Oratorio es el centro de todos esos lugares. Esto podría decirse de la fe católica de Tolkien: era el centro de toda su vida. Todo lo demás iba y venía, pero hasta el final se mantuvo fiel a la fe por la que él y su madre habían sufrido tanto.

Hay otra reivindicación, aunque discutida, de la influencia imaginativa de estas calles. Mientras vivían en Stirling Road entre junio de 1905 y junio de 1908, los jóvenes no pudieron dejar de notar al final de la calle "las dos torres". En la calle contigua a Stirling Road, en lo que se conoce como Waterworks Road, hay dos curiosas estructuras que se elevan desde el suelo hasta el cielo. Habrían sido más llamativas entonces que ahora, sobre todo teniendo en cuenta que en el Birmingham eduardiano habría habido pocos puntos de referencia de tal altura.

Ruta por los lugares de Tolkien en Birmingham.

Una de estas estructuras es una locura del siglo XVIII. Construida por un excéntrico lugareño, llamado Perrott, para su propia diversión, su estilo es de una procedencia arquitectónica desconocida. Parece como si se hubiera construido para un reino de fantasía, y con un mago como residente. La otra estructura es igualmente curiosa. Se trata de un edificio neogótico de ladrillo rojo y azul oscuro, construido de forma más prosaica como parte de las obras hidráulicas locales. Ambas estructuras se conocen localmente como "las Torres Gemelas". En todas las direcciones en las que vivió J.R.R. Tolkien nunca estuvo lejos de estas "Torres Gemelas". Habrían sido visibles durante toda su estancia en Birmingham. Sin embargo, es igualmente cierto, y quizás de mayor importancia, que nunca estuvo lejos del Oratorio de Birmingham. Este fue el punto fijo en sus inestables primeros años. Sin embargo, para cualquier católico, una iglesia es siempre más que un simple edificio, ya que en su interior se encuentra el Santísimo Sacramento. Durante sus años de formación, cuando todo lo demás cambiaba alrededor del joven Tolkien, una cosa permaneció constante: la lámpara encendida junto al sagrario del Oratorio.

Muchos años después, cerca del final de su vida, Tolkien escribiría lo siguiente: "De las tinieblas de mi vida... pongo ante vosotros la única gran cosa que hay que amar en la tierra: el Santísimo Sacramento... Allí encontrarás el romance, la gloria, el honor, la fidelidad y el verdadero camino de todos tus amores en la tierra..."


Así que, en contra de lo que te puedan decir, la Ruta Tolkien de Birmingham existe. Y ese sendero lleva a un destino inesperado. Porque a la sombra de las "Torres Gemelas", y atendido por una hermandad sacerdotal, el verdadero rey habita en el Oratorio, y permanece así hasta su Regreso en la Gloria

domingo, 16 de mayo de 2021

La luz de Cristo y Nuestra Señora la Virgen María en el Señor de los Anillos

He aquí que el sitio web Infovaticana recién ha publicado un texto que versa sobre El Retorno del Rey, tercera parte de El Señor de los Anillos. Trata el artículo sobre la relación que existe entre la Dama Galadriel y Nuestra Señora la Virgen María, relación que nos parece evidentísima a los católicos amén que así lo confesó el mismo J.R.R. Tolkien. El texto es obra del P. José María (Paterjm) y por su belleza y luminosidad he aquí que lo copiamos en esta bitácora. Helo aquí:

Por Paterjm | 15 mayo, 2021:

Este fin de semana asistiremos al colofón del gran evento cinematográfico del año: el reestreno El señor de los anillos con motivo de su vigésimo aniversario. En efecto, durante este mes de mayo hemos podido disfrutar otra vez de la cinta que lo inició todo: La comunidad del anillo; de su flamante continuación: Las dos torres, y ahora, de su final: El retorno del rey. De las tres, esta última es quizás la que encierra una iconografía cristológica más evidente; por este motivo, intentaremos arrojar un poco de luz sobre ella, de manera que la disfrutemos en mayor medida cuando la veamos por última vez en pantalla grande.

Antes de comenzar, debemos acordarnos de que Tolkien nunca quiso hacer una alegoría explícita sobre la fe, sino que esta apareció en su obra de manera paulatina y casi sin que él se diera cuenta (¿no fue el mismísimo Señor quien aseveró: «De lo que abunda el corazón habla la boca»?); es más, en una de sus cartas asegura que incluso renunció a que aparecieran ceremonias religiosas, para no identificar a sus personajes con un credo concreto. Pero ello no obsta para que el catolicismo rezume en cada una de sus páginas y que él mismo corrobore que se trata de un libro eminentemente religioso y especialmente católico.

Sin embargo, hay dos personajes en el libro (y en la película) que sí pueden ser identificados fácilmente con dos protagonistas de la historia sagrada: estamos hablando de Galadriel y Aragorn, que simbolizan de manera respectiva a la Virgen María y Jesucristo. Y así, aunque el verdadero objeto de nuestro texto es el segundo, pues es el que implícitamente da título al film (y al libro), será conveniente también que indaguemos en la figura de la primera. Como decíamos en el artículo anterior, hoy se pretende dar una interpretación arreligiosa de la novela, pero eso es harto difícil, puesto que la fe –la católica– está presente en toda ella, y Galadriel (o la Virgen María, banderín característico de cualquier católico) es prueba de ello.

Muchos años antes de publicar El señor de los anillos, J.R.R. Tolkien le dedicó a la Madre de Dios este poema navideño: 


«María en este mundo de abajo cantó

oyeron elevarse su canción 

sobre la niebla y la nieve de la montaña

hasta los muros del paraíso

y se agitó la lengua de muchas campanas 

al sonar en las torres del cielo 

cuando se oyó la voz de una doncella mortal

era la madre del Rey celestial. Feliz es el mundo 

y clara es la noche

con estrellas sobre su cabeza

y el salón repleto de risas y luz 

y los fuegos ardiendo rojos. Las campanas del paraíso 

suenan ahora

con repiques de Cristiandad

y ‘Gloria’, ‘Gloria’ cantaremos 

que Dios a la tierra acaba de llegar»

 

Y es que él siempre consideró a la Virgen María como un modelo de maternidad perfecta, de entrega, luz y cariño, pues así se lo había enseñado su propia madre, que murió en la miseria después de que se familia la repudiase al convertirse al catolicismo.

Años después, el confesor del escritor, el jesuita Robert Murray, consciente de esta devoción, no bien leyó El señor de los anillos, le preguntó si Galadriel era una alegoría de la Virgen, a lo que aquel respondió que sí; más aún, le aseguró que en ella se fundaba toda su escasa percepción de la belleza, tanto en majestad como en simplicidad, y que por este motivo había querido representarla en la dama de los elfos. Y es fácil intuirlo, porque ambas mujeres son hermosas y nobles, y vencen el mal con la fuerza de su humildad (cfr. Lc 1, 48. 52); además, ambas son mediadoras de todas las gracias, puesto que conceden a los cristianos (o a la comunidad del anillo) los elementos que necesitan para progresar en su camino (en el caso de Galadriel, la luz de Eärendil, con la que se vence el poder de las tinieblas, como quedará claro en el antro de Ella-Laraña)[1].

El director de la cinta, Peter Jackson, sabedor de esta implicación religiosa, quiso que en su obra quedara de manifiesto el aura espiritual de Galadriel. Por este motivo, se inspiró en las apariciones de la Virgen para describir a la dama elfa: su cabello lacio, su tez blanca y su ropa inmaculada dan fe de ello. Sobre todo, hay una expresión que él mismo acuñó y que recoge muy bien este empeño por mantener viva la esencia mariana del personaje: «Sus ojos eran jóvenes, pero en lo profundo se veía su eterna sabiduría, como si en ellos se reflejase la luz de las estrellas»[2]. Por esta razón, compró miles de bombillas de Navidad, para que inundasen con su titilante resplandor el set, como si el cielo hubiese bajado al suelo que estaba siendo hollado por la Madre de Dios (o por la reina de los elfos)[3].

¿Y qué pasa con Aragorn, auténtico objeto de nuestro estudio? Si recordamos, el mundo había quedado bajo el poder del demonio cuando este engañó al hombre, para que desobedeciese a Dios y comiera del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (o bien, la Tierra Media había quedado bajo el dominio de Sauron cuando este engañó a los hombres, haciéndoles creer que con su anillo serían poderosos). De este modo, el rey de la creación, Cristo (cfr. Col 1, 12-20), se vio desplazado de su trono, aunque nunca renegó de él, por lo que decidió volver y recuperarlo. Para ello, aun teniendo dignidad divina, se disfrazó de mendigo, pues tomó carne humana para pasar por uno de tantos (cfr. Flp 2, 6-11); buscó a un grupo de compañeros, para que le ayudasen a divulgar su mensaje, y finalmente recuperó su corona y gobernó (y aún gobierna) sobre toda la tierra.

Aragorn, pues, es ese monarca absoluto de la Tierra Media que es profetizado desde antiguo, el que ha de regir los destinos de los pueblos con mano misericordiosa; es el rey cuya corona le ha sido arrebatada por el enemigo, pero que él reclama para bien de los suyos. Según las leyendas, será reconocible porque, entre otras cosas, tendrá poder para curar milagrosamente mediante la imposición de sus manos (como Cristo en el Evangelio). Pero no volverá majestuosamente, sino que se disfrazará como uno de tantos –como un montaraz cualquiera–, para recuperar lo que proviene de su padre, y tendrá un grupo de amigos fieles que pedirán también su regreso al trono. Y no sólo, también bajará a los infiernos para redimir a los hombres que yacen en él y hacerlos miembros de su séquito, de la Iglesia (como Cristo bajó al purgatorio para hacer lo propio con las personas que le habían sido fieles, pero que aún no podían ascender a los cielos)[4].

Pero como decíamos en el artículo anterior, Tolkien no quiere identificar explícitamente a sus personajes con los protagonistas de la historia sagrada. Por este motivo, esta metáfora cristológica también puede ser encontrada en otros momentos del relato: por ejemplo, en Frodo, que carga con el anillo –el pecado– para arrojarlo al monte del Destino y que el hombre, por tanto, no vuelva a ser esclavizado por él; o en Sam, que ayuda a Frodo a portar la maligna sortija, ¡y a portar al propio Frodo!, como Cristo, que siendo cireneo de todos nosotros, nos ayuda a cargar con nuestra cruz de cada día (cfr. Mt 16, 24). Incluso en El hobbit podemos encontrar esta diáfana comparación, pues el enano Thorin también reclama su trono (esta vez, bajo la montaña Solitaria), y para ello se sirve de la fidelidad de doce compañeros (y del famoso Bilbo Bolsón).

El caso de Bilbo en El hobbit merecería un artículo aparte, pues también es un relato cristológico sobre la recuperación del trono, la vocación (Bilbo siente la llamada a colaborar con Cristo en este empeño y es impulsado por el poder de la gracia) y el papel de la Providencia en todo ello: «—¡Entonces las profecías de las viejas canciones se han cumplido de alguna manera! —dijo Bilbo. —¡Claro! —dijo Gandalf—. ¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías solo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia, ¡eres solo un simple individuo en un mundo enorme!». En las películas (muy criticadas por ser tres, cuando el libro da solamente para una, pero que a mí me parecen magníficas) está muy bien representada esta metáfora; aunque, como decimos, será objeto de un siguiente texto, no de este.

Ahora, sin embargo, solo nos queda disfrutar de El retorno del rey, que llega de vuelta este fin de semana a nuestras pantallas. Y cuando la veamos, acordémonos de esa simbología implícita de Cristo, que es el mesías esperado, el auténtico rey de la Tierra Media, que ha venido para recuperar su trono y aherrojar a Sauron en el infierno. Y cuando salgamos del cine, preguntémonos si queremos formar parte de esa comunidad del anillo, la que ha sido llamada a colaborar con la vuelta del monarca, para colocarle la corona que nunca debería haber perdido. Por mi parte, estoy dispuesto a luchar a su favor –¡contad con mi hacha!–, y aunque sea débil, y le falle una y otra vez (me convierta a veces en un Boromir cualquiera), procuraré serle fiel hasta el final: «Te habría seguido, mi hermano, mi capitán, mi rey»[5].


 


[1] Otra gracia que reciben los aventureros es el pan élfico (o lembas), símbolo ineludible de la eucaristía.

[2] Hay que decir que esta expresión la parafrasea Jackson del propio Tolkien, quien, para describir a Galadriel (y a Celeborn), dice: «No había ningún signo de vejez en ellos, excepto quizás en lo profundo de los ojos, pues estos eran penetrantes como lanzas a la luz de las estrellas y, sin embargo, profundos, como pozos de recuerdos».

[3] Tan orgulloso se sintió Jackson de esta interpretación que quiso que Galadriel volviese a aparecer bajo las mismas condiciones en El hobbit, la trilogía de precuelas de El señor de los anillos, pese a que en el texto original de Tolkien no esté.

[4] Propiamente, Cristo bajó al seno de Abrahán, un espacio –ya cerrado– donde las almas justas aguardaban la redención que él trajo al mundo.

[5] Por cierto, atención al momento en que Gandalf le explica a Pippin que la muerte es solo otro sendero que recorreremos todos: «El velo gris de este mundo se levanta, y todo se convierte en plateado cristal. Es entonces cuando se ve… la blanca orilla, y más allá, la inmensa campiña verde tendida ante un fugaz amanecer». ¡Catolicismo puro!



domingo, 11 de abril de 2021

El quehacer del artista. Inspiración y recreación del mundo

He aquí una magnífica joya audiovisual a cargo del profesor Eduardo Segura, historiador, filósofo, filólogo y especialista en Tolkien, que tuvo lugar en Granada en el año del Señor de 2018.

Tal y como nos explica la información del vídeo, se trata de la recopilación en un sólo documento de seis partes inicialmente diferenciadas aunque íntimamente relacionadas. Y son estas, junto con el minutaje que las localiza en el vídeo: 

Parte I: Imaginación, confianza y belleza. 00:00-11:50.

Parte II: De la Gran Guerra a la Tierra Media: palabras, canciones, memoria. 11:50-23:40.

Parte III: La inspiración lingüística de El Silmarillion. 23:40-35:57.

Parte IV: Palabras y recreación del mundo. 35:57-47:37.

Parte V: El SIlmarillion: arte y sentido. 47:37-59:42.

Parte VI: Mito-poeia: el quehacer del artista como teo-logía. 59:42-01:06:42

domingo, 3 de mayo de 2020

Un documental imprescindible: "Un camino inesperado"

He aquí que nos complace postear en esta bitácora el hallazgo por nuestra parte del maravilloso documental "Un camino inesperado", de D. Diego Blanco Albarona. Austero en las formas, se trata de un documento gráfico de bellísima factura, con una banda sonora de belleza élfica y un mensaje tan cierto como profundo, pues versa la creación de D. Diego sobre la íntima relación que existe entre el Hombre caído por las argucias de Satanás, su Salvación por medio de Nuestro Señor Jesucristo con la intercesión siempre eficacísima y necesaria de la Virgen María, y el trasfondo católico que nutre el mundo creado por J.R.R. Tolkien en El Señor de los Anillos. Nos hallamos, pues, ante una auténtica joya audiovisual que se complementa, además, con el libro del mismo título (Ed. Encuentro, 2016). El documental recién acaba de ganar su segundo premio internacional, el Mirabile Dictu, en Roma, al mejor documental 2019. ¡¡¡Una gozada!!! Sin más peámbulo, helo aquí:


 

domingo, 2 de febrero de 2020

Tolkien y su poema inédito sobre la Virgen María y la Navidad

Our Lady’s School, Abingdon, condado de Oxfordshire (sur de Inglaterra)
Corría el año del Señor de 1936 cuando J.R.R.Tolkien contaba con 44 años y ejercía como profesor de lingüística del anglo-sajón, es decir, inglés antiguo y medieval. Por aquel entonces faltaba todavía un año para que viera la luz la publicación de El Hobbit y, aunque llevaba años escribiendo poesías de todo tipo, no las publicaba: en aquellos años nuestro querido y admirado profesor era un erudito prácticamente desconocido, con un estilo poético poco o nada apreciado por las nuevas corrientes modernistas y, además y como él mismo se encargara de enfatizar, era católico; católico, apostólico y romano, detalle de suma importancia en la Inglaterra de la época a la hora de entender cómo y porqué la carrera literaria de un erudito podía ser ninguneada sin pudor alguno.

Así las cosas, ¿dónde podía publicar nuestro autor un poema sobre la Virgen María y la Navidad? Pues bien, he aquí que lo hizo en la revista anual de un instituto católico (para estudiantes adolescentes) ubicado en el condado de Oxfordshire: Our Lady’s School, en Abingdon, una escuela dedicada a Nuestra Señora la Virgen María. Cierto es que se trataba de un lugar recóndito y humilde para publicar, pero el hecho es que allí se publicó el poema a Nuestra Señora, pasando desapercibido a los estudiosos del autor hasta que salió a la luz en el año del Señor de 2016.

El poema tiene toques arcaizantes, elementos románticos junto con maravillosas evocaciones medievales (como en general sucede con el corpus principal de sus obras) que pasan de la oscuridad a la luz a través de la esperanza de nuevo una constante en la obra de J.R.R. Tolkien. La noticia fue publicada en la web Religión en Libertad.


"Exciting Tolkien news today. Two lost poems by Tolkien have been found. They were originally published in the obscure annual magazine of an Oxfordshire Catholic high school in 1936—an odd place for an Oxford Don to publish his work.

However, Tolkien was not a professional poet, but an Anglo-Saxon scholar. His poetry, old fashioned and out of step with the high modernism of Eliot and Pound, would not have been picked up by the top literary journals. But clearly Tolkien valued it enough and believed in it enough that he wanted to see it published even in an obscure place. Also, the poem “Noel,” about the Virgin Mary, is deeply Catholic. What better place to share it than with a Catholic religious community dedicated to Mary.

I like “Noel” very much. The first line: “Grim was the world and grey last night” gives the poem an alliterative Anglo-saxon flare. The description of the wintery world of the first two stanzas has much of The Wanderer and the Sea-farer in it. If the poem looks backward with its wistful romantic style to a Catholic medieval world, it also looks forward to the eucatastrophe. Tolkien was not just a man with his head turned to the past. He was always interested in uniting past and present and thereby redeeming the present.

I have printed "Noel" below and here are the Guardian article and the BBC article about the poems’ discovery."


NOEL

 Grim was the world and grey last night:
The moon and stars were fled,
The hall was dark without song or light,
The fires were fallen dead.
The wind in the trees was like to the sea,
And over the mountains' teeth
It whistled bitter-cold and free,
As a sword leapt from its sheath.

The lord of snows upreared his head;
His mantle long and pale
Upon the bitter blast was spread
And hung o'er hill and dale.
The world was blind, the boughs were bent,
All ways and paths were wild:
Then the veil of cloud apart was rent,
And here was born a Child.

The ancient dome of heaven sheer
Was pricked with distant light;
A star came shining white and clear
Alone above the night.
In the dale of dark in that hour of birth
One voice on a sudden sang:
Then all the bells in Heaven and Earth
Together at midnight rang.

Mary sang in this world below:
They heard her song arise
O'er mist and over mountain snow
To the walls of Paradise,
And the tongue of many bells was stirred
in Heaven's towers to ring
When the voice of mortal maid was heard,
That was mother of Heaven's King.

Glad is the world and fair this night
With stars about its head,
And the hall is filled with laughter and light,
And fires are burning red.
The bells of Paradise now ring
With bells of Christendom,
And Gloria, Gloria we will sing
That God on earth is come.



domingo, 23 de junio de 2019

Acerca del biopic de Tolkien

Una película hermosa ¡Una historia hermosa donde las haya! A fe que lo es, sí señor, así que desde esta bitácora recomendamos a los aficionados a la obra de J.R.R. Tolkien su visionado. Merece la pena deleitarse en su sencillez y, sobre todo, en la ausencia total de cualquier vestigio de sordidez y bajos fondos a los que nos tiene acostumbrados la industria cinematográfica desde un tiempo a esta parte. Efectivamente, leía hace unos días una crítica sobre esta película y esto es lo que decía al respecto:

"Alguien dijo que "los estudios de cine ya no hacen películas así". ¿La historia de un joven estudiante, su novia, sus amigos, su intento de ser dignos? Es verdad, son muy infrecuentes. Es probable que pasen muchos años antes de que nuestros adolescentes y jóvenes, o nosotros, adultos, podamos ir a ver una bonita historia de amor y crecimiento en estas circunstancias."

Y así es, se trata de una historia luminosa y muy edificante sobre el amor romántico entre Tolkien y la que será su esposa Edith Mary Bratt; un amor cuyo camino recorre las sendas del tiempo y cuyo destino se extiende más allá del tiempo. Además, versa también sobre amistades sinceras y firmes, sobre el esfuerzo por alcanzar metas que son nobles, justas y limpias. Y por si lo anterior fuera poco, comentar un detalle que no le pasó por alto a mi esposa: la historia transcurre con un tempo y unas formas que recuerdan a las historias de Jane Austen. Bueno, confieso que a mi se me escapó el detalle pero en cualquier caso, ¡ahí queda eso!, jajajajaja...

Por lo demás, la película trata la relación entre Tolkien y el Padre Francis Morgan (de la familia Osborne, de Puerto de Santa María) de forma francamente aceptable, y digo esto porque tras conocer quién sería el director del film (el finlandés Dome Karukoski) las sombras de la sospecha se alargaron sobre el biopic y el modo en que este trataría al buen Padre Francis. Pero nada, el Pater aparece como lo que realmente fue: un padre, un amigo y un consejero que posibilitó, tras el fallecimiento de la madre del joven Tolkien, la andadura vital en rectitud de nuestro autor así como la disposición de los medios materiales que hicieron posible las excelencias académicas a las que arribó el que se convirtiera en gran profesor de Oxford y mejor escritor. Por cierto, el film pasa de puntillas sobre la importancia capital que el catolicismo tuvo en la vida Tolkien desde su más tierna infancia. Sin embargo, Cristo Crucificado se hace presente en una escena en el terrible campo de batalla del Somme. Volviendo a la crítica a la que hacía referencia anteriormente:


"La escena de la Cruz es brevísima, pero potente. Se da en pleno asalto y bombardeo en las trincheras de la guerra. No es una cruz que pueda estar allí: es todo un Cristo crucificado en el campo en que los hombres se matan. ¿Una alucinación, como los dragones y los jinetes negros? No, es muy distinta, funciona de forma distinta. Es Cristo crucificado, unido a los hombres que sufren. Tampoco a Él lo vemos mucho en las películas últimamente."



¿Alteraciones de la biografía real de Tolkien? Bueno, algunas. Por ejemplo, se echa en falta la escena de la boda entre Edith y Tolkien, celebrada antes de la partida de este al campo de batalla, de hecho no se entiende demasiado esa omisión, pero bueno.

Respecto al elenco de actores, Nicholas Hoult y Lily Collins, a nuestro parecer, bordan el papel, y tampoco les va a la zaga el resto del reparto. La fotografía, a cargo de Lasse Frank Johannessen, es bellísima y evocativa aunque la banda sonora, creada por Thomas Newman, queda pelín gris a la hora de enmarcar la historia. En resumen, película altamente recomendable, ya no se hacen historias como esta, ni en la gran pantalla ni en la pequeña.



domingo, 20 de enero de 2019

¡¡¡Tolkien vive!!! El biopic del autor de "El Señor de los Anillos" llega a la gran pantalla

Parece que al final, ¡por fin!, tiene luz verde el pase por la gran pantalla del biopic del autor de El Señor de los Anillos. Y bueno, para los incondicionales de autor inglés y su obra, es, sin lugar a dudas, una excelente noticia, aunque ya veremos cómo ha enfocado el director esta primera parte de la biografía de J.R.R. Tolkien, me refiero a las concesiones que finalmente se han hecho para adaptarla al cine. Por cierto, me pregunto si, como cabría esperar, también se rodarán las siguientes partes de su biografía, vamos, creo que va de suyo y da perfectamente para una nueva trilogía. En cualquier caso, habrá que esperar a la primavera, más o menos, para echarle un ojo a esta primera entrega. He aquí la noticia tal y como la ha recogido El confidencial en su sección dedicada al cine, eso sí, con alguna que otra pincelada personal con el fin de enriquecer la crónica original con detalles importantes que pienso se habían omitido, minusvalorado o tocado muy superficialmente:

Edith Mary Tolkien (Lily Collins) y John Ronald Reuel Tolkien (Nicholas Hoult)
en una escena de la película
Después de años de retraso en el desarrollo del proyecto, las productoras Fox Searchlight y Chernin Entertainment han anunciado que el 'biopic' sobre J. R. R. Tolkien se estrenará esta primavera, más concretamente el 10 de mayo (aunque la fecha en España puede variar), según informa The Hollywood Reporter. La película sobre el autor de 'El Señor de los anillos', elegido por The Times como el sexto escritor británico más importante desde el final de la Segunda Guerra Mundial, está dirigida por el finés Dome Karukoski (Tom of Finland, 2017), guión a cargo de Stephen Beresfordy y David Gleeson y protagonizada por Lily Collins (nominada al globo de oro en 2017 por La excepción a la regla) y Nicholas Hoult (Mad Max: furia en la carretera, 2015). 

'Tolkien', que se rodó en Liverpool y Manchester a finales de 2017, se centra en los años de juventud del escritor nacido en Sudáfrica y criado en Inglaterra por el Padre Morgan, un sacerdote católico de ascendencia española, al quedarse huérfano a la edad de 12 años. El film recrea la vida del futuro escritor en los años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, su época estudiantil antes de enrolarse en las Fuerzas Armadas del Reino Unido, a las que perteneció entre 1916 y 1920, así como el noviazgo con la mujer que sería el amor de su vida, su esposa. Destacar que fue a su esposa, e inspirado en ella, a la que dedicó uno de los poemas más bellos que figuran en su magna obra: la historia de Beren y Lúthien.

Edith Mary Tolkien (Lily Collins) y John Ronald Reuel Tolkien (Nicholas Hoult)
en una escena de la película
Con apenas 16 años, Tolkien conoció en el orfanato a Edith Mary Bratt (a quien da vida la actriz Lily Collins), quien más tarde se convertiría en su esposa. Bratt era tres años menor que el escritor, así que el padre Morgan le prohibió incluso mantener correspondencia con ella hasta que la joven cumpliese 18. En esos años de juventud, Tolkien también encontró la amistad y dio curso a su enorme inspiración literaria entre su grupo de amigos del colegio King Edward de Birmingham, Rob Gilson, Geoffrey Smith y Cristopher Wisemancon, con los que fundó una sociedad semisecreta conocida como Tea Club and Barrovian Society. De hechoy según algunas biografías, se cuenta que estos compañeros fueron su inspiración para La comunidad del anillo. Y siguiendo la estela de los biógrafos del autor de 'El Hobbit', la separación de su comunidad de amigos a causa de la guerra le inspiró para escribir la trilogía de El señor de los anillos, cuyo primer volumen responde al título La comunidad del anillo.

Tolkien participó en la batalla del Somme (1916) como oficial de comunicaciones, rango de teniente segundo y sirviendo en el Servicio de fusileros de Lancashire; Somme, infausta batalla en la que murieron más de 184.000 soldados británicos entre los cuales se encontraban algunos de sus amigos. De hecho, la amistad, la lucha contra el mal, el sacrificio y la muerte son la temática central de sus obras más famosas y nacieron, al decir de sus biógrafos, como una metáfora de su paso por el campo de batalla. Finalmente, Tolkien contrajo la 'fiebre de las trincheras' y lo trasladaron de vuelta a Inglaterra el 8 de noviembre de 1916.

John Ronald Reuel Tolkien y su esposa Edith Mary Tolkien
Aunque desde joven se interesó por la poesía (algunas de sus composiciones fueron la base para construir 'El Silmarillion'), fue entre 1920 y 1930 cuando comenzó a escribir 'El Hobbit' (en principio como una serie de relatos destinados exclusivamente para la lectura a sus hijos), que finalmente publicó en forma de novela en 1937. A partir de este año comenzó a escribir 'El señor de los anillos', inicialmente como una secuela de El Hobbit, pero que acabó extendiéndose hasta publicarse en tres volúmenes entre los años del Señor de 1954 y 1955. Por cierto, fue su hijo Christopher quien publicó póstumamente gran parte de su ingente producción literaria ambientada en la Tierra Media. Así pues y con todo, el biopic 'Tolkien' profundizará en las raíces vitales de uno de los escritores más influyentes del siglo XX para tratar de encontrar las fuentes en las que se inspiró para escribir obras capitales de la historia de la Literatura.



Primer tráiler de la película, traducido al español 
por la web El Anillo Único en colaboración con la Sociedad Tolkien Española.



Segundo tráiler del film

domingo, 3 de junio de 2018

Tolkien: Creador de la Tierra Media (The Bodleian Library, Universidad de Oxford)


Ilustración de Tolkien para El Hobbit.
Fotografía: The Tolkien Trust 1977

"Tolkien era un genio con un enfoque único de la literatura", dice Richard Ovenden, bibliotecario de la Bodleian Library, en la Universidad de Oxford . Y agrega: "Su mundo imaginado fue creado a través de una maravillosa combinación entre su profunda erudición, su rica imaginación y su poderoso talento creativo, todo ello aderezado, además, por sus propias experiencias vitales, su profunda Fe Católica y el inmenso amor que le profesaba a su esposa Edith. Estamos, pues, increíblemente orgullosos de poder mostrar al público el archivo de Tolkien en esta exposición". 

Ilustracion de Tolkien para El Hobbit.
Fotografía: The Tolkien Trust 1977

Por cierto, la exposición Tolkien: Creador de la Tierra Media, se encuentra en la principal biblioteca de investigación de la Universidad de Oxford y una de las más antiguas de Europa: The Bodleian Library. Y lo hace desde el 29 de mayo hasta el 28 de octubre del corriente. Y para más inri, va y se encuentra a tiro de piedra del pub The Eagle and Child
Para más información sobre esta gozada de exposición, clicar aquí.

domingo, 11 de junio de 2017

Sobre la influencia de G.K. Chesterton en la obra de J.R.R. Tolkien (Por Joseph Pearce)

Hete aquí un notable fragmento del escritor y profesor Joseph Pearce que, dado su interés y belleza, no me resisto a copiar en esta bitácora. Por cierto, Joseph Pearce (Londres, 12 de febrero de 1961) es un escritor británico que ejerce desde 2012 como Escritor Residente y Profesor de Literatura en el Thomas More College of Liberal Arts en Merrimarck (New Hampshire).

*

G.K. Chesterton, 1905
The great G.K. Chesterton had a huge impact on my embrace of Christian orthodoxy. It would, in fact, be no exaggeration to say that his was the greatest single influence, under grace, on my conversion. I was, therefore, highly gratified to discover, during the research for my book Literary Converts, that Chesterton also had a significant influence on the conversions of many others, including writers such as Maurice Baring, Ronald Knox, and Graham Greene, as well as the actor Sir Alec Guinness. He was also a defining influence on C. S. Lewis, who had discovered Chesterton during World War One whilst recovering in a field hospital in France. A little later, it was Chesterton’s seminal work, The Everlasting Man(1), which had enabled Lewis to see the Christian outline of history laid out before him in a way that made sense, an epiphany which was a major milestone on Lewis’s journey to Christian conversion. It was, however, the famous “long night talk” between Lewis, J.R.R. Tolkien and Hugo Dyson in September 1931 which proved decisive to Lewis’s acceptance of Christianity. The topic of that “night talk” was what I call Tolkien’s philosophy of myth, an understanding of the priceless truth to be discovered in myths and fairy stories. It was this underlying philosophy which would inform the works of both Lewis and Tolkien in the years ahead, thereby blessing civilization with literary gems, such as The Lord of the Rings and The Chronicles of Narnia. Although this “night talk” is rightly celebrated for sowing the seeds of such beautiful literary fruits, it is not widely known that Tolkien’s “philosophy of myth” is itself a fruit of the seeds planted by Chesterton in his work Orthodoxy, published in 1908, when Tolkien was sixteen-years-old.

As a young man, Tolkien was an avid reader of Chesterton. He would have known Orthodoxy well. It is, therefore, not surprising that many of Tolkien’s own beliefs on the philosophy of myth, as outlined in his important published lecture “On Fairy Stories,” are to be found in the chapter of Orthodoxy entitled “The Ethics of Elfland.” Take, for instance, Tolkien’s assertion in his lecture that fairy-stories “were plainly not primarily concerned with possibility, but with desirability,” and compare it with these lines from “The Ethics of Elfland”:

The things I believed most then [when he was a child], the things I believe most now, are the things called fairy tales. They seem to me to be the entirely reasonable things… Fairyland is nothing but the sunny country of common sense. It is not earth that judges heaven, but heaven that judges earth; so for me at least it was not earth that criticized elfland, but elfland that criticized the earth.

G.K. Chesterton y J.R.R. Tolkien
Tolkien’s assertion that myths or fairy-stories are primarily concerned with desirability dovetails with Chesterton’s assertion that elfland dovetails with heaven, in the sense that elfland is the realm of moral rectitude, the kingdom of goodness, truth and beauty that every good man desires. It is heaven (the place of permanent perfection) that judges the earth (the place of transient imperfection). It is the good that judges the evil (and it is good that it does so). It is the true that judges the false; it is the beautiful that judges the ugly. This true order of things, which heaven and elfland share alike, is the way things should be, it is getting our moral bearings right, getting things the right way round, or the right side up. If this noble order of things is reversed so that the evil sits in judgment on the good and the false judges the true, we are in the presence of the chaos that the dragon brings, or the evil spell of the witch. Dragons and witches take many forms, in our world as well as in the world of fairyland. As Tolkien declares, the true order of things to be found in fairy-stories is a thing to be desired, especially in a world such as ours, which is full of dragons and in dire need of dragon-slayers. This desirability of fairy-stories does not merely dovetail with the things of heaven it can be said to be dove-winged, to borrow a phrase from Hopkins, insofar as it is a seed of desire planted by the Holy Spirit to lead us to Him. In this sense, those who turn their back on fairy-stories are turning their back on heaven.

There is, however, a sense in which those who turn their back on fairy-stories are also turning their back on the very world in which we live because, as Chesterton insists, we don’t live in the best of all possible worlds but the best of all impossible worlds. If we have the eyes of humility, the eyes of wonder, we will realize that we are living in a fairy-story, and not only any old fairy-story but the best of all fairy-stories. In “The Ethics of Elfland,” Chesterton seeks to remind us that “life was as precious as it was puzzling”: “It was an ecstasy because it was an adventure; it was an adventure because it was an opportunity.” It didn’t matter whether we considered ourselves pessimists or optimists. The important thing was that we were in the story of life and should be grateful for it:

The goodness of the fairy tale was not affected by the fact that there might be more dragons than princesses; it was good to be in a fairy tale. The test of all happiness is gratitude; and I felt grateful, though I hardly knew to whom. Children are grateful when Santa Claus puts in their stockings gifts of toys or sweets. Could I not be grateful to Santa Claus when he put in my stockings the gift of two miraculous legs? We thank people for birthday presents of cigars and slippers. Can I thank no one for the birthday present of birth?

To rephrase Chesterton’s lucidly beautiful prose into the language of the philosopher or the theologian, we can say that gratitude is the fruit of humility and that it opens the eyes to the marvelous gift of wonder. It is only once our eyes are open in this way that we can truly see and appreciate the wonderful fairy-story in which we find ourselves. This crucial reality, which is at the heart of the true realism to be found in fairy tales, was emphasized equally strongly be Tolkien in his published lecture. Discussing the gift of what he calls “recovery” in fairy tales, Tolkien’s words are an accurate reflection of Chesterton’s:

Recovery (which includes return and renewal of health) is a re-gaining—regaining of a clear view. I do not say “seeing things as they are” and involve myself with the philosophers, though I might venture to say “seeing things as we are (or were) meant to see them”—as things apart from ourselves. We need, in any case, to clean our windows; so that the things seen clearly may be freed from the drab blur of triteness or familiarity—from possessiveness… This triteness is really the penalty of “appropriation”: the things that are trite, or (in a bad sense) familiar, are the things that we have appropriated, legally or mentally. We say we know them. They have become like the things which once attracted us by their glitter, or their colour, or their shape, and we laid hands on them, and then locked them in our hoard, acquired them, and acquiring ceased to look at them.

G.K. Chesterton
This singular blindness, which Tolkien would satirize to great effect in his own great fairy-story, The Hobbit, dubbing it the dragon sickness, is the same blindness to the wonders of life of which Chesterton writes. Those who lack the humility to see with the eyes of wonder are not only blind to the gifts of toys or sweets, or cigars and slippers, but even to “the gift of two miraculous legs” with which they walk, or to the wonderful “birthday present of birth” with which they’ve been blessed.

Considering the congruence between Chesterton’s sense of gratitude and wonder and Tolkien’s discussion of “recovery” and the re-gaining of a clear view, it should come as no surprise that Tolkien continues his own discussion by paying tribute to “Chestertonian Fantasy” which “was used by Chesterton to denote the queerness of things that have become trite, when they are suddenly seen from a new angle.” There is little doubt that Chesterton had enabled the young Tolkien to see reality from a new and startling angle when the latter had first read Orthodoxy. Its influence would inspire the future author of The Lord of the Rings to formulate his own vision of “the ethics of elfland,” expressed in the lecture “On Fairy Stories” and in his own wonderful stories. There is no doubt that the great G. K. Chesterton cast a spell on the great J. R. R. Tolkien for which all lovers of Middle-earth should be inestimably grateful. (Texto original de Joseph Pearce)

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(1) Regalo de mi amada esposa por Sant Jordi, The Everlasting Man (El hombre eterno) es un clásico escrito por G.K. Chesterton allá por 1925. Su belleza, sublime. Su lectura, imprescindible.


Hallazgo audiovisual por parte de mi esposa y que complementa 
al post de manera sobresaliente. Visionado altamente recomendado

domingo, 27 de noviembre de 2016

La vida de J.R.R. Tolkien será llevada al cine (o eso dicen): "Middle Earth"

Familia Tolkien, 1940
Si bien El Silmarillion tiene más que complicada su adaptación al cine (y vista la adaptación que se ha hecho de El Hobbit, debo agregar que ¡menos mal!), parece que La vida de J.R.R. Tolkien y su potencial para ser llevada a la gran pantalla no ha pasado desapercibida a la productora New Line Cinema. Efectivamente, según parece (y nos informa Europa Press), el biopic de J.R.R. Tolkien será estrenado en el próximo Festival de Cine de Berlín y llevará por título Middle Earth

Y bien, siempre según Europa Press, la película será dirigida por James Strong, quedando la producción a cargo de Robert Shaye y Michael Lynne (como ya hicieron en la primera trilogía basada en las novelas del autor) y el guión bajo los auspicios de Angus Fletcher, quien al parecer ha invertido seis años en la investigación minuciosa de la vida de Tolkien. Y así, el biopic abarca desde el estallido de la Primera Guerra Mundial (acontecimiento que marcó indeleblemente a nuestro autor) hasta la composición de sus grandes obras literarias, acentuando muy especialmente la importancia capital del amor de su vida, su esposa Edith Mary Tolkien, y sin el cual no pueden entenderse algunos de los episodios más bellos, profundos y conmovedores de su esfuerzo subcreador (véase, por ejemplo, el relato de Beren y Lúthien)

Y veamos, a mi todo esto me produce sentimientos encontrados, qué quieren que les diga. Por una parte, siempre es motivo de expectación saber que algo relacionado con J.R.R. Tolkien será llevado a la gran pantalla. Y por otra no puedo dejar de preguntarme qué opinaría el escritor ante tal evento. Veremos en qué queda, si es que queda, pero sobre todo veremos cómo es tratada la biografía del autor por estos gigantes del negocio audiovisual. De momento, según he leído, la película tendrá un marcado "carácter épico", y tratándose de una biografía, pues dirás que las dudas se ciernen sobre la mismísima Tierra Media, al menos sobre sus aledaños filmados...