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miércoles, 18 de junio de 2014

Tradición y modernidad. Catolicismo en el Señor de los anillos


Fragmento de Charles A. Coulombe. El Señor de los Anillos: Una perspectiva católica, en J.R.R Tolkien Señor de la Tierra Media (Edición de Joseph Pearce. Ed Minotauro)


*


"... En el ámbito de la historia católica moderna, encontramos ciertos arquetipos que, indiscutiblemente, se reflejan en El Señor de los Anillos en el modo por él descrito. Aquellos que examinaremos son:

A- la era de la fe, o el estado orgánico; 
B- Iglesia versus Estado; 
C- el gran rey; 
D- el advenimiento de la modernidad y el rey mártir; 
E- la restauración (con éxito o con distinta suerte)

El concepto de sociedad como un todo orgánico, sin conflictos de clase, con una estructura comunal, ha caracterizado el pensamiento social católico desde la época del Imperio romano. En muchos aspectos, la Comarca representa perfectamente los ideales políticos y económicos de la Iglesia, expresados por León XIII en Rerum Novarum y por Pío XI en Quadragesino anno. Autoridad tradicional (el Thain), limitada excepto en momentos de crisis, representación popular (el Alcalde de Cavada Grande), igualmente limitada; subsidiariedad; y sobre todo, mínima organización y conflicto. Es la clase de sociedad imaginada por los distributistas Belloc y Chesterton...

En la era de la fe, aunque tanto Iglesia como Estado estaban consagrados más o menos a los mismos fines, a menudo diferían en los medios para alcanzarlos. También entonces la naturaleza humana y la avaricia sembraban la discordia. En ocasiones la lucha a vida o muerte con el Islam se vio entorpecida por esas disputas. En El Señor de los Anillos vemos un reflejo de esas luchas en la tensión entre Gandalf y Denethor II. De hecho Gandalf participa en gran medida de la naturaleza del Papado. Él no pertenece a ninguna nación, y en un sentido muy literal es el caudillo de todos los pueblos libres y fieles. Esto es así porque su
Gondor (Ted Nasmith)
poder es mágico antes que temporal, igual que el del Papa es sacramental. El interés de Denethor es enteramente nacional. A su afirmación de que "no hay en el mundo donde hoy vivimos una meta más alta que el bien de Gondor", Gandalf replica "Yo no gobierno en ningún reino, ni en el de Gondor ni en ningún otro, grande o pequeño. Pero me preocupan todas las cosas de valor que hoy peligran en el mundo... Pues también yo soy un senescal". Así podría haber hablado Bonifacio VIII a Felipe el Hermoso, o Gregorio VII a Enrique IV o Inocencio III al rey Juan. Gandalf también recuerda al Rey Pescador de las leyendas del Grial, símbolo de Pedro en la barca.

Por otra parte la imaginación católica siempre estuvo perseguida por la imagen de los grandes reyes, como Arturo, San Fernando III y San Luis IX. A éstos se les tenía por prototipos de lo que debía ser un buen gobernante... Los levantamientos antes mencionados destruyeron la unidad católica, dividieron la sociedad y destruyeron muchas cosas hermosas. El cierre de fronteras y otras medidas económicas pusieron fin a la naturaleza comunal de la sociedad occidental. Las grandes manifestaciones actuales de esas fuerzas de la modernidad son el capitalismo y el comunismo, con todo lo que representan...

Las ideas sociales a las que nos hemos referido antes fueron desmentidas por los acontecimientos históricos. Su final como hechos las transformó en esperanza. Esta esperanza acabó concentrándose en la causa del depuesto soberano, que, con su regreso al poder, volvería a poner las cosas en su lugar... Así, los jacobitas lucharon por los Estuardo en 1689-1690, 1715,1719 y 1745-1746; en España los carlistas se rebelaron en 1833-1839, durante las décadas de 1840 y 1850 y en 1872-1876. También desempeñaron un papel fundamental en la guerra civil española en el bando nacional. Chuans y Vendées mantuvieron una guerra de guerrillas contra la república francesa a lo largo de toda la Revolución; incluso en la actualidad florece el realismo francés. Los miguelistas de Portugal continuaron con su campaña de agitación, primero contra la monarquía liberal y después y hasta el presente contra la república. Después de la caída del Imperio austro-húngaro, los partidarios de los Habsburgo han alimentado sueños de restauración...

Sea como fuere, esas gentes anhelaban la restauración para restaurar la prominencia de la Iglesia, contener la industria, y revivir a los pequeños propietarios de tierras y el antiguo orden social...


J.R.R. Tolkien
Aragorn tiene éxito allí donde Carlos y los otros fracasaron. En lugar de la derrota y el llanto en el campo de Culloden, tenemos la victoria y el regocijo en el campo de Cormallen. En la tierra Media, la "buena vieja causa" triunfa. Los Dúnedain, tan semejantes por su historia a los jacobitas, carlistas y legitimistas, obtienen al final la victoria. El joven Pretendiente Aragorn pasa a ser Carlomagno, restaurador del Imperio. De hecho, su reino restaurado tiene mucho en común con el renacimiento carolingio. No sería exagerado decir que eso es lo que todo católico tiene en la mente cuando considera los asuntos políticos. En la Tierra Media todas las cosas acaban bien porque el rey se solaza por sus fueros.

Hay otros símbolos: las fuerzas del Señor Oscuro pueden representar, no solamente la modernidad sino también el Islam, anterior gran enemigo de la Cristiandad; la torre de Guardia, Minas Tirith, puede ser vista como un símbolo de la Iglesia militante, de la Res Publica Christiana...

Por todas esas marcas distintivas El Señor de los Anillos es una obra sin duda católica, como su autor confesara abiertamente, pero no sólo eso. Es la gran obra épica católica de esta era, digna de estar junto a las leyendas del Grial, La muerte de Arturo y Cuentos de Canterbury. Tolkien concibió su obra a la vez como un gran consuelo para el católico como individuo y un tributo a la grandeza y el poder duraderos de la tradición católica. En una época que ha visto el casi absoluto rechazo de la fe por la civilización que ella mismo creó, la perdida de la fe de muchos católicos laicos y la aparente incertidumbre entre su jerarquía, El Señor de los Anillos nos asegura, tanto con su existencia como por su mensaje, que la oscuridad no triunfará para siempre."


domingo, 11 de noviembre de 2012

La estación de la noche brillante

Ted Nasmith


Las hadas conocen tus tempranos crepúsculos de cristal
y en secreto se ponen capuchas de penumbra,
grises, de suave púrpura y largas bandas
de helada luz estelar cosidas con manos argentinas.

Conocen la estación de la noche brillante,
cuando el pálido encaje de los olmos desnudos
envuelve las Pléyades y los álamos de largos brazos ocultan la luz
de las lunas orladas de oro.


Libro de los cuentos perdidos, de J.R.R. Tolkien


domingo, 19 de agosto de 2012

Los hijos de Húrin

Húrin cautivo, Alan Lee

Los hijos de Húrin, quizá una de las historias más trágicas que se mencionan en el Señor de los Anillos.
La historia se remonta al año 458 de la Primera Edad del Sol. Baste decir que los hechos narrados en el Señor de los Anillos discurren en la Tercera Edad, siendo la duración de las Edades un dato desconocido aunque, seguro, de proporciones geológicas. Así pues, los ecos de ésta historia son recordados por algunos de los personajes del Señor de los Anillos, como ocurre con la de Beren y Luthien, como formando parte de la historia legendaria de Arda; las raíces que explican esa pequeña isla temporal que discurre entre la Comarca y el Monte del Destino.
"El cuento de Turumbar",  título original, pertenece a un conjunto de narraciones recogidas en el "Libro de los cuentos perdidos".


Húrin, hombre de la casa de Hador que se atrevió a desafiar el poder de Melkor (Morgoth para los elfos), en un tiempo en que Sauron aparecía como un simple lugarteniente en la saga del mal.

La historia de Húrin y su descendencia es triste, muy triste. Capturado por Melkor, fue condenado por este a permanecer atado de pies y manos en un trono de piedra, en lo más alto de las montañas de Hierro; por su osadía fue condenado a no morir y a permanecer ciego, sin embargo, viendo, día y noche y a través de la mente de Morgoth, cómo su familia era condenada a sufrir penalidades sin cuento ni medida; cómo su hijo, Túrin Turambar, apartado de su hermana Níniel en su más tierna infancia, vive una vida maldita y errante en el mundo perdido de Beleriand hasta dar con la que sería su amor y su esposa; Níniel, cómo no, su propia hermana. 

Melkor, el primero de los Valar, el más poderoso. Siguiendo la estela de las grandes genealogías del Mal, sucumbe al principio de autodeterminación: formando parte del propio pensamiento de Eru, el Único, desobedece sus designios y empieza a envidiar las obras creadas por sus hermanos, los poderosos Valar. Es la historia de una venganza eterna que se infiltra en toda la creación proyectada sobre la Tierra Media. Así pues, la malicia de Morgoth no conoce límites y en ésta historia la vemos encarnada en la descendencia de Húrin.

"La sombra de mis designios se extiende sobre Arda, y todo lo que hay en ella cede lenta e inexorablemente ante mi voluntad. Y a todos a cuantos amas, mi pensamiento los cubrirá como una nube fatídica, y los envolverá la oscuridad y desesperanza. Dondequiera que vayan, el mal saldrá a su encuentro. Cada vez que hablen, sus palabras provocarán malentendidos y todo lo que hagan se volverá contra ellos. Morirán sin esperanza, maldiciendo a la vez la vida y la muerte".

Será él quien diseñará el encuentro entre los hermanos; él quien proyectará una fugaz y feliz vida en común, con descendencia. Y él quien urdirá el malentendido fatal que propiciará el suicidio de ambos.

Y toda la tragedia vivida por Húrin, el padre de ambos, en la distancia y atado, maldiciendo su vida y sin poder morir. Es la historia de la maldad en estado puro.

En la imagen de cabecera, Húrin desespera al sentir en carne propia el sufrimiento de su propia estirpe; de sus propios hijos.


Túrin encuentra a Níniel, Ted Nasmith

La historia es dura y en ella Tolkien se recrea en la misma naturaleza del mal. Frente a él, las criaturas mortales se muestran pequeñas, casi insignificantes. Sin esperanza.
Dicho esto, la narración es bellísima y nos aproxima, quizá, al drama que vivió el autor en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. 


Y termino con una cita del libro. Sador el carpintero, consejero y amigo del joven Túrin, le responde acerca de la esclavitud, antes de que este emprenda la partida en busca de su hermana:


- ¿Qué es un esclavo? -Pregunto Túrin.
- Un hombre que fue un hombre, pero es tratado como una bestia -respondió Sador-. Que es alimentado sólo para mantenerlo con vida, que es mantenido con vida sólo para trabajar, que trabaja sólo por miedo al dolor o a la muerte. (Los hijos de Húrin, J.R.R. Tolkien)

domingo, 29 de julio de 2012

Lago Espejo , Kheled zâram

Ted Nasmith

"¡Oh bello y maravilloso Kheled-zâram! -dijo Gimli.
 Aquí descansa la corona de Durin, hasta que despierte"

*

(La Comunidad del Anillo, libro segundo: Lothlórien)